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"Unha ventá para o recordo"
A Vilagarcía antiga
 
A PÁXINA DE ROBERTO NÚÑEZ PORTO
 
 
Roberto, cos seus escritos, sen desmerecer os nosos moitos  e magníficos colaboradores, fai que a nosa páxina aumente en calidade. Lelo é un auténtico luxo. A súa capacidade para describir vivenzas, recordos ou situacións en artigos de actualidade,  fai que as súas palabras convírtanse en "Prosa Poética" cargada dunha enorme dose de musicalidade. Hoxe, neste novo apartado, mostrámoslle o noso agradecemento. 
 
AQUELLAS NAVIDADES...
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Siempre se dice que recordar es volver a vivir. Aunque no deja de ser una metáfora. Es cierto, sin embargo, que al llegar a cierta edad fluyen los recuerdos y nos invade la nostalgia. Por ello, cuando se acerca la Navidad, no podemos evitar que la emoción nos embargue. Recuerdo -¡cómo olvidarlo!- que en aquella Vilagarcía de mi infancia y adolescencia, la campaña navideña comenzaba, invariablemente, en el mes de diciembre. Era lo clásico, lo tradicional. No como ahora, que todo se anticipa, en una delirante carrera contrarreloj, como si no hubiera mañana. Y ya en el mes de noviembre -algún año, incluso, en octubre-, los establecimientos comerciales y las ciudades se visten de Navidad. Es el imperio del marketing: la publicidad nos incita a un frenético, compulsivo y voraz consumismo que adultera la esencia del verdadero espíritu de la Navidad. En aquel entonces, sin embargo -porque no cualquier tiempo pasado fue mejor-, todo era menos colorido, más austero. Pero, tal vez debido a ello, también más auténtico, más íntimo y familiar. Recuerdo el espléndido montaje del Belén en la iglesia parroquial, con sus magníficas y artísticas figuras. También el de la ‘Confitería Prada’, de tamaño más doméstico, donde podías adquirir figuras y elementos diversos para montar el Nacimiento en casa. Asimismo, en el establecimiento de antigüedades ‘El Hogar’, una figura de gran tamaño, ataviada con los ropajes típicos de Oriente, representaba a un paje real portando una urna en la que los niños depositábamos nuestras ca...Leer la continuación
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INSTITUTO LABORAL - “OPERACIÓN REYES MAGOS”
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Aquel mes de diciembre de 1958, profesores y alumnos del Instituto Laboral de Vilagarcía de Arousa fuimos protagonistas de un acontecimiento emocionante, único e irrepetible: la “Operación Reyes Magos”. La empresa ‘Lantero e Hijos’, cuya actividad primigenia había sido la fabricación de juguetes de madera -ignoro si como actividad principal o complementaria-, tenía en sus almacenes, durmiendo el sueño de los justos, varias cajas que contenían gran cantidad de piezas de los juguetes que antaño fabricaba. Ignoro cómo Don Vicente López Nieto, otrora profesor de Cultura Industrial, tuvo conocimiento de la existencia de aquellas cajas que, para una acción solidaria, consiguió rescatar de las nieblas del tiempo. Se trataba, en su mayoría, de piezas sueltas que requerían un arduo y minucioso proceso de selección. Una vez identificados cada uno de los componentes con el juguete correspondiente, procedimos al montaje de los prototipos bajo la supervisión del entonces profesor de carpintería, don José Portela Oliveira, coordinador de aquel proyecto. Durante el proceso de montaje preliminar, comprobamos que faltaban elementos para poder completar algunos de los juguetes, lo que nos obligó a diseñar y fabricar aquellas piezas indispensables. Los prototipos nos permitieron saber, en función del número de piezas de que constaba cada uno, cuántos juguetes de cada tipo podíamos completar. Ante la e...Leer la continuación
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VIVENCIAS Y SENSACIONES

VIVENCIAS Y SENSACIONES - Por Roberto Núñez Porto

14/04/2016 08:53:28
Los recuerdos, sin los cuales nuestra vida estaría vacía, no se nutren únicamente de situaciones vividas en la niñez, en la juventud y en la madurez. Ni exclusivamente de personas y lugares. Los recuerdos siempre van acompañados de sutiles sensaciones que nos acarician todavía...  
 
PLAYA Y MAR
En la playa de La Concha, los pies desnudos sobre la arena húmeda recién bañada por el mar, en su movimiento de resaca, es una de las primeras sensaciones que recuerdo. Las pequeñas huellas que iban dejando mis pies de niño de 4 años, llamaban mi atención. Y no comprendía como podían desaparecer después de que el agua besara de nuevo la arena. Pero yo seguía intentándolo, una y otra vez, con la esperanza de que aquellas pequeñas olas no consiguieran borrarlas. Recuerdo como me estremecí la primera vez que el agua, en su avance sobre la arena, cubrió mis pies, y me retiré asustado. Pero volví a intentarlo, en un juego de avance y retroceso sin fin, hasta que aquellas caricias del mar me cautivaron... En aquella playa, en la que el ‘Gran Balneario de la Concha’ mostraba el ocaso de su esplendor, con la ayuda inicial de un salvavidas de tabletas rectangulares de corcho -adquirido en efectos navales ‘Casa Calicó’-, tras vencer el miedo a hundirme, aprendí a nadar. 
 
Años más tarde, participé intensamente en los entrenamientos de natación en las ‘corchadas’ del muelle de pasajeros, y me bañé en el aledaño hoyo del muro de contención. Inolvidables jornadas estivales en las playas de Compostela, As Sinas, A Lanzada... Y la sublime sensación de libertad, enfundado en un traje de espuma de poliuretano -entonces todavía no se comercializaba el de neopreno-, aletas, gafas y respirador, sumergido en un mundo fascinante, silencioso y cromático, haciendo submarinismo en las, otrora, frías y transparentes aguas de las islas Malveiras.  
 
ATRACCIONES DE FERIA
Entre las variadas, aunque precarias, atracciones de feria de mi infancia -tiovivo, cadenas, coches eléctricos...-, recuerdo con especial cariño las ‘barcas’ y las ‘voladoras’. Las primeras, regentadas por doña Petra, se desplazaban en un movimiento pendular (similar al de un columpio), y podían llegar a describir en el aire un arco de 180º, lo que requería agarrarse fuertemente a las varillas de las que estaban suspendidas las ‘barquillas’. Aquel movimiento oscilante, cuya velocidad se incrementaba en función del impulso que el ocupante -u ocupantes-, puesto en pie, le imprimía con el cuerpo, o ayudándose de las cuerdas cruzadas de que disponía el artilugio, proporcionaba una gran sensación de dominio, de libertad... ¡De vértigo! Doña Petra, que era una mujer enjuta de avanzada edad, cansada de permanecer mucho tiempo de pie, se sentaba en una silla baja que siempre la acompañaba; y, a veces, se quedaba dormida (sospecho que, además del cansancio, aquel movimiento de las ‘barquillas’ producía en ella los mismos efectos que el péndulo de un hipnotizador), circunstancia que nos favorecía doblemente: se alargaba la duración del ‘viaje’, y nos permitía imprimir mayor impulso para elevarnos, cada vez más. Y las segundas, las voladoras, cuyas ‘barquillas’ rectangulares de asientos enfrentados oscilaban entre los extremos de dos brazos paralelos giratorios, en un movimiento circular vertical como el de una noria, eran impulsadas manualmente por el propietario, empujón a empujón. Cuando la barquilla iniciaba el ascenso, un escalofrío me recorría la columna vertebral, y tenía la sensación de que el estómago se comprimía. Pero en el descenso, sentía una punzada en la región púbica, y un espasmo en el tórax me ‘cortaba’ la respiración. Y así, una y otra vez, hasta que la atracción se detenía. Aquello era emocionante. Lo imaginaba como un despegue, vuelo y aterrizaje. Experimentaba la sensación de volar... 
 
PESCA DEPORTIVA
Con mi primo Guillermo, uno de mis más queridos referentes familiares, tuve mis primeras experiencias como pescador de caña. Él me enseñó a colocar el plomo en el sedal, a empatar el anzuelo y a ensartar el cebo (miñoca). Pero, sobre todo, me enseñó a esperar pacientemente a que los peces picaran. Pescar el primer pez fue una sensación indescriptible. Enganchado en el anzuelo, aquel lorcho de boca enorme, que se agitaba frenético en un intento desesperado por recobrar su libertad, fue mi primer trofeo de pesca. Luego vendrían, también, robalizas, vellos, curubelos, pintos, maragotas, fanecas... ¡Y más lorchos!. También alguna anguila, viscosa y escurridiza. Hubo días decepcionantes, en los que no pescaba absolutamente nada. Otros, muy frustrantes, en los que el anzuelo quedaba enganchado en cualquier objeto -un trozo de cuerda, una madera, una piedra...-, y la línea (sedal) se rompía, yéndose al fondo, junto con el plomo y el anzuelo. Y, si aquel día no había llevado recambio, regresaba a casa, malhumorado, decidido a no volver a ir de pesca. A pesar de todo, aquella sensación de fracaso no impedía que volviera a coger la caña, una y otra vez, con la misma ilusión.
 
MONTAR EN BICICLETA
Aprender a manejar la bicicleta es otra de las experiencias que uno no olvida. Recuerdo como mi primo Guillermo -otra vez él- corría a mi lado, agarrando la parte inferior del sillín, mientras yo pedaleaba con torpeza tratando de mantener el equilibrio. Que sensación de triunfo cuando él se soltaba, dejándome solo, y yo conseguía pedalear y mantener el equilibrio durante unos segundos. Pero, sospechando que se había soltado, miraba hacia atrás, perdía el control de la bicicleta, y la caída era inevitable. Tras repetidos e incansables intentos -¡muchos!-, sin desfallecer, con sus correspondientes caídas sin consecuencias relevantes, conseguí -¡al fin!- dominar aquella máquina con razonable seguridad. Fue una de mis mejores experiencias. Algún tiempo más tarde, con 14 años, montado en aquella bicicleta tamaño ‘senior’, conocí O Grove, A Toxa, Sanxenxo y Caldas de Reis, cuando los topónimos oficiales de aquellas villas, todavía castellanizados, eran: El Grove, La Toja, Sangenjo y Caldas de Reyes.
 
TERAPIA ANTIESTRÉS
En mi primer viaje a Londres (1978), tuve la oportunidad de presenciar el ‘Cambio de Guardia’ en Buckingham Palace. Una vez concluido aquel espectáculo, agoté la mañana en St. James’s Park, que, por su proximidad al citado Palacio Real, es uno de los parques más cuidados de la ciudad, y visitado por millones de londinenses y turistas cada año. Con su lago artificial, y diferentes especies de flora y abundante fauna (patos, cisnes, gansos y pelícanos), es un lugar tranquilo, para relajarse. Un remanso de paz. Allí experimenté, por primera vez en mi vida, la gratificante y placentera sensación de pisar el césped con los pies descalzos. Aquel ‘masaje’ plantar, estimulante como una caricia, me preparó para una maratoniana reunión de trabajo que se inició a las cinco de la tarde y finalizó a la una y media de la madrugada. En el siguiente viaje (1979), esta vez en Leicester, en plena campiña inglesa, no pude resistir la tentación de repetir aquella ‘terapia’ antiestrés... Doce años más tarde (1990), gratamente sorprendido, pude revivir aquella sensación viendo como Julia Roberts y Richard Gere, en la película ‘Pretty Woman’, también en un parque, caminan descalzos sobre la hierba. 
 
VIAJAR EN AVIÓN
Mi primer viaje en avión, un vuelo doméstico, Santiago-Madrid-Sevilla (27.10.1972),  con fuerte viento, lluvia y gran aparato eléctrico -¡una tormenta en toda regla!-, fue una experiencia inolvidable. En aquel ‘bautismo aéreo’, en una aeronave DC-9, experimenté tres sensaciones claramente diferenciadas. La primera, el vértigo del despegue, por la potencia de los motores, la velocidad y el ángulo de elevación. La segunda, el incesante movimiento del aparato durante el vuelo -incluida la continua vibración de las alas-, debido a la tormenta, a 9.000 metros de altitud y una velocidad de crucero de 900 Km/hora, según nos informó el comandante. Y la tercera, el inicio del descenso que finalizó con un suave aterrizaje. A aquel emocionante primer vuelo le sucedieron muchos más, domésticos e internacionales, en distintos modelos de avión: B-727, DC-9, DC-10, Súper DC-8, Tristar y Fokker F-27, en los que, dependiendo de las condiciones meteorológicas, experimenté distintas sensaciones -a la vez que grandes emociones-, en general muy gratificantes y enriquecedoras. 
 
A pesar del tiempo transcurrido -casi 40 años-, permanece en mi memoria aquel vuelo en un B-727, Santiago-Madrid, en tránsito a Ámsterdam y Bruselas, en el que, por primera vez, me acompañaba el Director Técnico de la empresa (mi jefe inmediato), que pudo haber sido un definitivo vuelo sin retorno... Avistado el Aeropuerto de Barajas, y siguiendo el protocolo establecido, la voz de una azafata nos indica por megafonía: “Señores pasajeros, apaguen sus cigarrillos, abróchense los cinturones y mantengan el respaldo de su asiento en posición vertical”. Iniciada la maniobra de descenso, momento en que los pasajeros, correctamente sentados, apoyamos los pies con firmeza esperando el inminente aterrizaje. Inesperadamente, el avión se eleva de nuevo, con brusquedad, iniciando un giro a estribor. Desconcertados, nos preguntábamos a qué se debía aquella brusca maniobra. Pronto lo supimos. Los pasajeros que estábamos sentados en los asientos de ventanilla del costado de estribor, pudimos ver, con asombro, como otro avión despegaba en aquel momento. La inmediata reacción del comandante -sin duda, experimentado piloto- con aquella violenta, pero efectiva, maniobra de escape, evitó una catástrofe. 
 
Después de aquella, digamos, incidencia, despegamos del Aeropuerto de Barajas, en un DC-9, destino Ámsterdam, en un vuelo que transcurrió sin incidencias reseñables. Dos días después, de Ámsterdam a Bruselas, volamos en un Fokker F-27 (alas altas, dos motores turbohélice, longitud: 25 metros, envergadura: 29 metros, y capacidad: 32/44 pasajeros). Había nevado intensamente, y desde la planta alta de la terminal, vimos como dos operarios del aeropuerto, portando una larga escalera de mano, se acercaban al avión que, cuarenta minutos más tarde, nos llevaría a Bruselas. Mientras uno de ellos, abajo, la sujetaba, el otro, subido en todo lo alto, se afanaba en limpiar el morro, así como, también, los parabrisas y ventanas de la cabina de pilotaje, eliminando la nieve endurecida que se había depositado durante la noche. Aquella operación de limpieza ‘feita a man’, de la que estábamos pendientes todos los pasajeros, suscitó divertidos comentarios celebrados con risas contenidas. A la hora prevista, el Fokker comenzó a rodar por la pista para iniciar el despegue. Al tener este aparato las alas en la parte superior del fuselaje, desde las ventanillas podíamos observar, entre divertidos y preocupados, como las ruedas patinaban sobre la capa de hielo que cubría la pista, impidiendo que la aeronave alcanzara con normalidad la velocidad necesaria para despegar. Como se trataba de un avión relativamente pequeño, consiguió elevarse sin dificultad. ¡Al fin en el aire! Durante todo el vuelo, cuya duración estimada era de 30 minutos, el trepidante movimiento -semejante al que se produce al circular por una carretera llena de baches- debido a las turbulencias, propiciaba que los maletines y pequeñas bolsas de viaje se deslizaran desde las bandejas portaequipajes; y, a punto caer sobre nuestras cabezas, los cogíamos en el aire. En vista de que la situación no mejoraba, decidimos bajar los maletines y bolsas, y colocarlos entre las piernas. Una vez que alcanzamos la altitud de vuelo, la única azafata que integraba la tripulación inició una ardua andadura a lo largo del pasillo, intentando mantener el equilibrio, portando una torre de vasos de plástico en la mano izquierda y una cafetera en la derecha, ofreciéndonos café, con exquisita amabilidad, sin dejar de sonreír. Aquella, en cierto modo, cómica situación, motivó una sana y divertida complicidad entre azafata y pasajeros. El viaje fue corto, pero intenso.
 
Finalizada nuestra estancia de dos días en Bruselas, viajamos a Madrid, en un B-727, en tránsito a Santiago de Compostela. El vuelo Bruselas-Madrid, con meteorología favorable, transcurrió con absoluta normalidad. Llegamos al Aeropuerto de Barajas alrededor de las 17:30 horas, y el siguiente vuelo, Madrid-Santiago, tenía prevista su salida a las 21:45 horas. Teníamos por delante algo más de cuatro horas de espera, circunstancia que aprovechamos para redactar los borradores de los informes correspondientes a las actuaciones técnicas verificadas en Ámsterdam y Bruselas. A las 21:00 horas, a través de la megafonía, nos informan de que las adversas condiciones meteorológicas en el espacio aéreo de Santiago de Compostela aconsejaban cancelar nuestro vuelo, derivándonos al que tenía prevista su salida a las 01:45 horas de la madrugada del día siguiente. Como dato anecdótico, al avión que habitualmente realizaba aquel vuelo de madrugada se le conocía con el apelativo de ‘El golfo’, por ser en el que regresaban todos aquellos que, aprovechando su paso por la capital del Reino, ‘exprimían’, hasta la última gota, la noche madrileña. A las 12:45 horas, un nuevo aviso nos informa de la cancelación de aquel último vuelo, debido a que la persistencia del mal tiempo así lo aconsejaba. Así las cosas, Iberia habilitó un mostrador informativo en el que nos comunicaron la decisión de posponerlo hasta las 09:45 horas de ese mismo día. Las protestas de un nutrido grupo de viajeros, algunas muy acaloradas, fueron la tónica en aquella madrugada aeroportuaria. 
 
A la hora prevista (09:45), aquel B-727, con 135 pasajeros a bordo, despegaba -¡al fin!- del Aeropuerto de Barajas con destino a Santiago de Compostela. Pero aún nos esperaba otra sorpresa. Al abandonar el espacio aéreo de Madrid, las condiciones meteorológicas empezaron a empeorar. La intensa lluvia y, sobre todo, el fuerte viento, muy persistentes, nos acompañaron hasta Galicia. Cuando nos aproximábamos al  Aeropuerto de Lavacolla, con viento cruzado, lluvia intensa y densa niebla, la nula visibilidad propició que el avión tomara contacto con la pista sin tener por delante el espacio necesario para aplicar con seguridad la fuerza de frenado en el tren de aterrizaje, la inversión de los motores y la utilización de los flaps, slats, spoilers y alerones, que le permitiera aminorar gradualmente la velocidad, lo que obligó al piloto a efectuar toda la secuencia de maniobra al límite de tiempo y espacio, evitando que el avión se precipitara fuera de la pista. Instintivamente, una vez liberados de la tensión emocional provocada por aquella situación, todos los pasajeros aplaudimos con entusiasmo la profesionalidad de los pilotos en aquel comprometido aterrizaje con final feliz. 
 
Hubo otros vuelos, con tormentas de cierta entidad y fuertes vientos -de frente, de cola o cruzado-, en los que no estaba permitido levantarse del asiento durante todo el trayecto, que comprometían la seguridad del vuelo, dificultando, muy especialmente, el aterrizaje. Asimismo, los comúnmente denominados ‘baches’ (turbulencias), con la sensación de que aquel descenso no va a cesar nunca... Cuando me subía a un avión, siempre que fuera posible, procuraba acomodarme en un asiento de ventanilla, en la zona correspondiente a las alas. Allí sentado, observaba la posición y los movimientos de los alerones, flaps, slats y spoilers -en el despegue, durante el vuelo y en el aterrizaje-, así como la vibración de las alas, en su conjunto, fascinado con la influencia que ejercen en la aerodinámica, regulación de la velocidad y sustentación del avión. Una manía como otra cualquiera.
 
Las incidencias que he relatado, consustanciales a la navegación aérea, han de ser consideradas dentro de la normalidad, habida cuenta de que el riesgo cero, como tal, no existe en ningún medio de transporte. Y hemos de reconocer, porque es una evidencia incuestionable, que, para desplazarse entre dos puntos geográficos muy distantes, el avión es el medio más rápido y, también, el más seguro. Sin embargo, para poder ‘saborear’ el viaje y el paisaje a lo largo y ancho de nuestro país, incluso en condiciones meteorológicas adversas, sigo prefiriendo el tren como medio de transporte. Será que, a pesar de mi edad -¡qué no es poca!-, continúo siendo un romántico, un sentimental... ¡Un soñador!
 
Mi último vuelo tuvo lugar el 20 de noviembre de 1986, Barcelona- Santiago, en un DC-10 de la compañía Iberia. Durante 14 años, aquellos viajes en avión -todos ellos por motivos profesionales-, me permitieron ¿conocer?, de España: Madrid, Barcelona, Málaga, Alicante, Sevilla, Valencia y Las Palmas de Gran Canaria. Y de Europa: París (Francia), Bruselas, Kontich y Amberes (Bélgica), Ámsterdam (Holanda), Londres y Leicester (Reino Unido). Desde entonces, viajo cada día, desafiando al tiempo y al espacio, dejando volar la imaginación...
 
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Sergio, querido amigo: Efectivamente, son vivencias compartidas. Recuerdos de distintas épocas de nuestra vida, grabados como un tatuaje neuronal. Y lo más importante, amigo mío, es que tenemos el privilegio de seguir estando aquí para contarlo. Gracias por tus amables palabras. Un fuerte abrazo.
Roberto Núñez Porto Escrito el 20/11/2017 22:40:53
Viejo amigo: Me lo he pasado muy bien leyendo tus amenos recuerdos de niñez,pubertad y los años de tu vida profesional.En cierto modo,son recuerdos que uno los tiene siempre en la memoria,tenemos la misma edad y todo lo relatado en tus vivencias,son practicamente las mias,somos de Villagarcia y en aquellos viejos tiempos,todos nos conociamos.Recuerdo perfectamente las "corchadas" las experiencias en la pesca,los lorchos,las fanecas y las preciadas robalizas.También las fiestas de Santa Rita,con toda su gran afluencia de gente y atracciones de feria.Debido a mi trabajo profesional,Ford España y General Motors mi curriculum de vuelo también ha sido muy intenso.Recuerdo mi primer vuelo,Vigo-Amstedam en Mayo del año 1961,tenia 17 años.Me ha encantado tu relato. Recibe un fuerte abrazo. Sergio Gómez
sergio gomez m Escrito el 06/11/2017 20:34:17
Querido Luis, en efecto, aquel tablón de madera, a modo de 'ecológica' zapata de freno, mostraba las 'heridas' que le infligía, al final de cada viaje, la quilla de aquellas barcas pendulares. En lo que se refiere al 'Teatro Júpiter', que tú mencionas, era otro ejemplo de la precariedad de las atracciones de la época. Pero era lo que había, y nosotros las disfrutábamos. Gracias por tú comentario, Luis. Un fuerte abrazo.
Roberto Núñez Porto Escrito el 18/04/2016 22:49:33
Querido Roberto : Gracias por recordarme a la Sra. Petra con sus  "barcas".  El freno de las mismas, consistían en una plancha de madera paralela al suelo fija en un extremo articulado y en el otro con dos cadenas que se recogían con una manivela y levantaban la plancha que rozaba la quilla y así conseguía detenerla. ¿ Y que me cuentas del Teatro Júpiter ?  ¡¡  Niños, pequeños y mayores , pasen al interior del Teatro Júpiter !! .Solía instalarse próximo a la pantalla del Cine Fantasio , delante de Iris de Paz. Un abrazo, como siempre tus escritos geniales.
luis Escrito el 18/04/2016 12:40:03
Agradezco a Luisa Sandoval su halagador comentario, y espero continuar siendo merecedor de su interés por mis artículos. Un saludo.
Roberto Núñez Porto Escrito el 16/04/2016 12:11:59
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¡CÓMO PASA EL TIEMPO!
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Parece que fue ayer, y ya han transcurrido 72 años desde aquel 30 de noviembre de 1943, a las 06:00 horas, en que llegué a la vida. Son muchos años, sin duda. Pero han pasado en un suspiro. La niñez, la adolescencia, la juventud, la madurez o plenitud vital, y, finalmente, la vejez. Períodos de la vida que no todos tienen la fortuna de poder alcanzar. A lo largo de toda una vida, en las distintas etapas que se van sucediendo, se acumulan experiencias que quedan grabadas en la memoria como un tatuaje neuronal. Y cuando uno ya está rozando la vejez, parece inevitable echar la vista atrás y recordar vivencias, únicas e irrepetibles, de la niñez, de la adolescencia y de la juventud. Todas las demás... todavía sucedieron ayer. EL COLEGIO Recuerdo aquellos primeros años del colegio, en Primera Enseñanza, en los que la ‘pedagogía’ de la bofetada, de la letra con sangre entra, de rodillas con los brazos en cruz... estaba muy arraigada en los centros educativos. Mi andadura escolar se inició en un parvulario no reglado -entonces, no existían parvularios públicos-, y de allí pasé a un Colegio Público. En aquel centro educativo tuve dos maestros, cuyos métodos de enseñanza eran diametralmente opuestos. Por razones obvias, preservaré la identidad de ambos y los denominaré maestros ‘X’ e ‘Y’. El maestro ‘X’, que ú...Leer la continuación
Escrito por Roberto Núñez Porto •   Agregar un comentario   5 comentarios
 
CONSIDERACIONES PERSONALES
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Cuando se acometen actuaciones de remodelación de espacios públicos como, por ejemplo, las llevadas a cabo, en su momento, en Vilagarcía de Arousa (Playa y Parque de Compostela, en su conjunto, y en los jardines de Ravella y de la Plaza de España), pueden suponer, en principio, un atentado contra la racionalidad, y una absoluta falta de respeto hacia aquellos que concibieron, proyectaron y ejecutaron estos espacios dedicados al esparcimiento y al descanso de los ciudadanos. Es necesario, incluso indispensable, sumergirse en la obra y en la personalidad del autor para comprender el por qué de la concepción de aquel proyecto. Ello supondrá, sin duda, un ejercicio muy enriquecedor. Las remodelaciones han de realizarse con humildad y con el máximo respeto al proyecto original, con el fin de no vulnerar el principio de funcionalidad, procurando mantener, en la medida de lo posible, su esencia primigenia. Porque, aunque es cierto que la identidad evoluciona con el progreso, no hay razón alguna que justifique actuaciones anárquicas que no tienen en cuenta la repercusión sobre el entorno. Cuando se asume una remodelación, del mismo modo que cuando se concibe un nuevo proyecto, ha de tenerse en cuenta que el hombre, como unidad de medida de todo cuanto le rodea, necesita habilitar espacios para vivir y disfrutar, también para descansar, dotándolos de los elementos imprescindibles para tal fin. El hombre se mueve y ocupa un lugar en el espacio, y por ello ha de solucionar problemas volumétricos de distribución de espacios que se ajusten a sus necesidades. C...Leer la continuación
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RECORDANDO EN OTOÑO
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El Servicio Meteorológico, a través de la radio y la televisión, había alertado a la población de la llegada de una fuerte borrasca con vientos huracanados que, procedente del Atlántico, entraría por el noroeste peninsular. La lluvia golpeaba con insistencia los cristales de las ventanas del salón. Y el viento, que arreciaba por momentos, hacía que las ramas de los árboles del jardín se agitaran enloquecidas. Anocheció antes de lo habitual en aquella época del año. En la costa atlántica, el atardecer del otoño languidece lentamente, resistiéndose a ceder su lugar a la inevitable oscuridad de la noche. Aquella borrasca empezaba a descargar toda su furia con la llegada de la noche. El viento soplaba con gran violencia, empujando el torrente de lluvia contra los cristales que parecían estar a punto de estallar. El ruido era ensordecedor. Y el fluido eléctrico, parpadeante, amenazaba con dejar a oscuras aquella pequeña casa solariega que William Cooper y Carmen de la Rúa , su esposa ya fallecida, habían adquirido y rehabilitado. William y Carmen se conocieron en Inglaterra a través de un amigo común. Él, de nacio...Leer la continuación
Escrito por Roberto Núñez Porto •   Agregar un comentario   4 comentarios
 
EL OBELISCO DE LA PLAZA DE GALICIA
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Sabemos que el obelisco es un monumento religioso o conmemorativo que, esencialmente, consiste en una columna troncopiramidal, de sección cuadrada, coronada por un pináculo en forma de pirámide, que se alza desafiante hacia el cielo. Los egipcios lo erigían en honor de ‘Ra’, el dios Sol. Algunos autores incluso le otorgan al obelisco la representación fálica de la energía masculina... El emblemático obelisco erigido en la Plaza de la Concordia de París, que es gemelo del que se encuentra en Egipto frente a la fachada del templo de Luxor, está realizado en granito rosa de Asuán, y mide 23 metros. Otro obelisco relevante es el monumento a George Washington (Washington, DC), cuyas caras están perfectamente alineadas con los cuatro puntos cardinales. Realizado en mármol, granito y piedra arenisca, mide poco más de 169 metros. Dicho esto, podemos concluir que el incorrectamente denominado ‘obelisco’ de la otrora Plaza de la República -posteriormente Plaza de Calvo Sotelo, y en la actualidad Plaza de Galicia- en Vilagarcía, no es sino una columna monumental (conmemorativa). También es erróneo llamarlo monolito, puesto que no se trata de un monumento de piedra de una sola pieza. En cualquier caso, lo conocemos desde siempre con ese nombre, y así figuraba en tarjetas postales y documentos gráficos de la época. No voy a detene...Leer la continuación
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DEBERES DEL CHAUFFEUR EN LOS ALBORES DEL SIGLO XX
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En un arranque de curiosidad retrospectiva, volví a ojear los tres libros sobre Mecánica del Automóvil y Cálculos de Taller -editados en 1922- que, como ya dejé constancia en otros escritos personales, pertenecían a mi abuelo. Me los regaló cuando yo estudiaba bachillerato en el otrora Instituto Laboral (Centro de Enseñanza Media y Profesional de Villagarcía de Arosa), y los conservo con gran cariño. Se trata de ediciones profusamente ilustradas, con fotografías y dibujos que facilitan la comprensión de las materias que contienen. El lenguaje utilizado, que sorprende por su sencillez y contundencia, en ocasiones reiterativo en exceso, corresponde al inconfundible estilo retórico de la época. En la siguiente transcripción, correspondiente al libro titulado MANUAL PRÁCTICO DEL AUTOMOVILISTA Y DEL PILOTO AVIADOR, se aprecia la estricta observancia de las normas de comportamiento que, en aquella época, se le exigía al profesional del automóvil o chauffeur. Los mecánicos automovilistas .- Todos los propietarios de coches automóviles saben muy bien cuán difícil es encontrar un buen mecánico, lo cual se explica fácilmente si se consideran las numerosas y variadas cualidades que dicho empleado debe poseer: habilidad y prudencia para conducir el vehículo; conocimiento perfecto de todos los mecanismos; cultura y diligencia; método para atender a la conservación de los mecanismos y para evitar los incidentes de viaje y las paradas imprevistas, o...Leer la continuación
Escrito por Roberto Núñez Porto •   Agregar un comentario   0 comentarios
 
ESCUELA UNITARIA DE PEDROSO-BAMIO
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En la edición de Arousa del diario Faro de Vigo del viernes 15 de mayo de 2015, me llamó poderosamente la atención el siguiente titular: ‘Los niños de Pedroso presumen de instalaciones para defender la permanencia de la unitaria’. Al principio con curiosidad, y luego con el máximo interés, leí el artículo firmado por María López. En el año 2014, recuerdo que la Consellería de Educación anunciaba el cierre de esta escuela alegando que no podía permanecer abierta con menos de seis alumnos. Con ese mínimo exigible, este centro funcionó con absoluta normalidad durante este curso 2014-2015, que finaliza el próximo mes de junio. Pero el próximo curso, según el citado artículo de Faro de Vigo, si la matriculación no aumenta -de momento sólo hay cuatro alumnos matriculados-, la permanencia de la escuela continúa siendo una incógnita. Los actuales alumnos: Iris, Nazaret, Ángela, Nicolás, Nerea y Antía, orgullosos de su escuela, defienden la continuidad de la misma con argumentos que no tienen desperdicio. Y, parafraseando a Groucho Marx, estos son sus argumentos, pero si a la Consellería de Educación no le gustan, estoy seguro de que tienen otros. Estos son los que figuran en el mencionado artículo: “Nuestro ‘cole’ cuenta con amplias instalaciones, con ventanas y suelo renovados, aseos adaptados a nuestra edad, además de persianas de di...Leer la continuación
Escrito por Roberto Núñez Porto •   Agregar un comentario   0 comentarios
 
ECHANDO LA VISTA ATRÁS
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ECHANDO LA VISTA ATRÁS

12/03/2015 17:05:52
PRÓLOGO Cuando uno llega a cierta edad, los recuerdos y las imágenes que los acompañan se agolpan en nuestra mente y pugnan con osadía por salir a la luz. Fluyen como una cascada, precipitándose hacia el exterior. Se manifiestan desordenados y desmedidos, proyectándose a gran velocidad en una carrera contrarreloj para que nada se quede atrás. Pero hay que controlarlos y clasificarlos, al objeto de evitar interferencias que nos puedan confundir. Las imágenes de aquella Vilagarcía de mi infancia y adolescencia, permanecen intactas en mi memoria. Al echar la vista atrás, recuerdo espacios emblemáticos, edificios singulares... Todo era más auténtico, cercano, familiar, distinto. Aunque, para qué negarlo, no todo tiempo pasado fue mejor. Pero sí es cierto que se ha destruido mucho de lo que representaba la esencia y la riqueza patrimonial de nuestro pueblo. No obstante, hemos de reconocer que también se han creado importantes infraestructuras que el progreso demandaba. Si bien, tal vez, no en todas se ha procedido con acierto. Porque, aun reconociendo que las carencias eran muchas, tengo la impresión de que no se paliaron adecuadamente. Aquella desaforada carrera al sprint, para no perder el tren de un progreso mal interpretado, impidió vislumbrar con claridad, pausada y meditadamente -sin prisa, pero sin pausa-, las soluciones que, sin embargo, una carrera de fondo sí hubiera permitido. RECORDANDO Cuando era niño, la...Leer la continuación
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IN MEMÓRIAM DE ENRIQUE LAGO CID
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Hoy, 11 de febrero de 2015, hace un mes que levaste anclas y zarpaste hacia un mar desconocido, en esa última singladura de un viaje sin retorno que, inevitablemente, ligeros de equipaje, todos emprenderemos algún día. Te fuiste sin estridencias, discretamente, en silencio... Y tu página, Enrique, ‘Recuerdos de mi niñez’, en la que tantas historias de recuerdos y vivencias fuiste desgranando con maestría, quedó huérfana y callada. Pero su valioso contenido, ameno y entrañable, siempre nos acompañará.

‘Recuerdos de la Plaza del Dr. Carús’, artículo en el que narras cómo jugabas al fútbol con un balón muy singular: la vejiga de las reses, facilitada por los matarifes del Matadero Municipal. O el corte de pelo a la ‘taza’ que realizaba el señor Wences. En ‘Mi primera navegación’, relatas cómo con dieciséis años te enrolaste de ‘grumete’ en aquella fragata de tres palos llamada ‘Medusa’, y surcaste los mares para ampliar horizontes y conocer mundo.

‘Mis recuerdos de las Fiestas de Santa Rita’, ‘Los juegos de mi niñez en Vilagarcía’, ‘Mi hermano Bienvenido y yo’, ‘Las visitas de The Royal Navy a Vilagarcía’, ‘Pacucho y los bombones purgantes Bayer’... Son algunas de las más de una treintena de historias, únicas e irrepetibles, contadas con la sencillez y el entusiasmo de quien, como tú, las ha vivido en primera persona. Aquellas imágenes, grabadas a ‘sangre y fuego’ en tu prodigiosa memoria, llegan a nosotros proyectadas en magistral narrativa a través de tus artículo...Leer la continuación
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RECUERDOS Y VIVENCIAS DE MI JUVENTUD (III)
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INTRODUCCIÓN Como muchos niños de mi generación, empecé a tocar la armónica a muy temprana edad. A los siete años -con mi amigo y vecino, Juan Búa- ya tocaba, con relativa solvencia, la música de conocidas canciones populares. Nuestras armónicas diatónicas, marca Hohner ‘O Fado Portuguez’, letra ‘C’ (afinación en DO), eran un clásico de la época. Tres años más tarde, José Manuel Casalderrey, Juan Búa y yo, subimos por primera vez a un escenario (Salón Parroquial de Santa Eulalia de Arealonga) formando un trío infantil de armónicas diatónicas. Fue nuestro ‘bautizo’ artístico, del que tengo un vago recuerdo, que quedó plasmado en una fotografía que forma parte del álbum que acompaña este artículo. Siempre he dicho que tocar la armónica, diatónica y cromática, ha sido una de las pocas cosas que he conseguido hacer razonablemente bien en mi vida. Lo digo con total y absoluta convicción. No obstante, algunos amigos y conocidos, sorprendidos y sarcásticos, no llegan a comprender esta aseveración. Porque ellos, que consideran la armónica un instrumento menor, ignoran que son necesarias muchas horas de dedicación -agotadores ensayos, con múltiples repeticiones- para conseguir, finalmente, una interpretación digna y, si es posible, también brillante. Pero, previamente, es indispensable el aprendizaje: conocer a fondo el instrumento. Inicialmente, la armónica diatónica, cuya escala se corresp...Leer la continuación
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RECUERDOS Y VIVENCIAS DE MI JUVENTUD (II)
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INTRODUCCIÓN Fue en 1949, cuando la Rondalla de Villagarcía de Arosa recorrió por primera vez las adoquinadas calles de la villa interpretando el pasacalles ‘Carrascosa’... Mi tío, Roberto Porto, tocaba la guitarra en aquella agrupación. Tenía yo seis infantiles años, y fui testigo emocionado de aquel inolvidable acontecimiento. Director: D. Hermenegildo Teira. Madrina: señorita Pencha Gallego. Componentes: Manolo Teira (hijo del director), Gildo Teira (sobrino del director), Ramón García, Manolo Granja, Amador Sánchez, Seso Rey, Suso Rey, Roberto Porto, Carlos Cerqueiras, Guillermo Carballo, Manolo Maneiro, Duro, Gerardo Prego, Tito Prego, Tino Silva, Roque Rey, Pepe Santórum, Moncho Hierro, Rodrigo Crespo, Jaime Mosquera, Cascallar, Chuchi González Rollán, Arturo Castiñeiras, Minchón y Bispo. (Pido disculpas si he cometido alguna omisión involuntaria) D. Hermenegildo Teira, al que tuve el privilegio de conocer y tratar algunos años más tarde, era un caballero de baja estatura -con una ligera/acusada cojera-, de trato exquisito y refinada educación. Recuerdo, con todo el respeto y consideración que se merece la memoria del señor Teira, cuando los componentes de la Rondalla se colocaban en formación para iniciar el recorrido de pasacalles; y, al objeto de que todos marcharan con uniforme marcia...Leer la continuación
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RECUERDOS Y VIVENCIAS DE MI JUVENTUD (I)
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ELENCO ARTÍSTICO Para los que tuvimos la fortuna de vivirla y disfrutarla, la Década Prodigiosa, musicalmente hablando, fueron los años sesenta. En aquella época, en Vilagarcía de Arousa había dos emisoras de radio locales: ‘La Voz de Arosa’ y la ‘Emisora Parroquial’, que organizaban festivales benéficos y promocionales, en los que muchos “artistas” noveles de esta ciudad tuvimos la oportunidad de actuar. Durante el período 1960/1963 -y alguna incursión esporádica en 1964-, tuve el privilegio de formar parte del siguiente elenco artístico: • TUNA RONDALLA VILLAGARCIANA: Guitarras, laúdes, bandurrias, acordeón, flauta y panderetas. Director: Alfonso Galbán Rico. Componentes: Waldo Galbán Rico, Mingos y Chicho Rodríguez, Enrique Melio, Carlos Álvarez Puga, Manolo Diz, Paco Lijó, Isidro Estévez, Dámaso Carrasco, José M. Fernández Melio, Roberto Núñez Porto, Juan José Romero Porto, Manolo Silva, Manuel Rodríguez Teijeiro, Anuncio Mouriño, Pepín y Moncho Palén, Luis Silva Pando, José Luis Barreiro, Pablo de la Fuente Rodiño, Moncho Mariño, Manuel Cambre, Moncho Vilas, Carlos Eiras, Juan Luis Patiño, José Laya Mejuto, Faustino Laya, Seso, Manolo del Río, Manolo Br...Leer la continuación
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RECUERDOS Y VIVENCIAS DE MI NIÑEZ
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Cuando uno empieza a notar el paso de los años, los recuerdos de vivencias infantiles fluyen como una necesidad vital. Aunque no se trata de nostalgia, en modo alguno. Únicamente ocurre, cada vez con mayor frecuencia, que nuestro cerebro, ese gran archivo neuronal, en su proceso cíclico de almacenamiento de información, selecciona imágenes y sensaciones de momentos inolvidables e irrepetibles. Últimamente -¡serán cosas de la edad!-, vuelven y sacuden mi memoria aquellas vivencias de la niñez, que, agazapadas en alguna zona recóndita de los hemisferios de mi cerebro, pugnan desaforadamente por salir a la luz. Y así, imagen a imagen, sensación a sensación, voy recordando… Aromas y sabores En aquella Vilagarcía de mi niñez (transcurría el año 1950), época en la que el olfato y el gusto aún no se habían contaminado con la artificialidad, las panaderías tenían un gran protagonismo en la vida cotidiana de nuestro pueblo. Ibas por la calle, y el inconfundible aroma delataba la cercanía de una tahona. En la calle Juan García, a pocos metros de donde yo vivía con mis abuelos maternos, estaba Panadería Camilo Mera. Y en la aledaña Plaza de Calvo Sotelo, Panadería Lourido. ¡Bendito pan! Hecho con harina fina de trigo (centeno o maíz), agua, levadura y sal. Mezclado y amasado de forma artesanal, fermentado reposadamente, y horneado en horno de leña previa...Leer la continuación
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AQUEL NAUFRAGIO...
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Han transcurrido 56 largos años… Pero las imágenes de los maltrechos supervivientes y, sobre todo, de aquellos cuerpos sin vida, quedaron grabadas para siempre en mi memoria. Cuando naufragó el ‘Cabo Razo’, tenía yo 14 años. Sucedió la noche del 4 de agosto de 1958, estrellada y con luna llena, y la mar estaba en calma… A la mañana siguiente, cuando me asomé a la galería -mi particular Puente de Mando imaginario de ‘Mi vida frente al mar’-, me sorprendió un inusual ajetreo en el muelle de pasajeros. La curiosidad me pudo, y en pocos minutos llegué a la punta del muelle. El guardapescas ‘Cíes’ y otras embarcaciones que acudieron al lugar del hundimiento, llegaban con supervivientes y fallecidos. Los que resistieron toda la noche en el agua -la mayoría aferrados a las maderas que formaban parte de la carga del buque-, estaban exhaustos y con evidentes síntomas de hipotermia. Arropados con mantas, y ayudados por la tripulación de los barcos que los habían rescatado, iban desembarcando y subiendo a los taxis -en aquellos años, Vilagarcía carecía de servicio de ambulancias- contratados por la Compañía Naviera del buque para trasladarlos, presumo, al Hospital de Pontevedra. Algunos familiares, todos con evidentes síntomas de ansiedad y natural preocupación, esperaban la llegada de los barcos de rescate. Lágrimas emocionadas, al abrazar a los supervivientes. L&aacu...Leer la continuación
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DESDE LA DÁRSENA DE ‘O CAVADELO’
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En la segunda mitad de los años ’40 del siglo pasado -época hasta donde alcanzan mis recuerdos-, las gabarras formaban parte del paisaje marítimo en la dársena de O Cavadelo, entre el Muelle de Hierro y el Muelle del Comercio o Muelle de los Carabineros. Allí estaban, con su impresionante presencia, aproadas hacia la ría, echada el ancla, y amarradas de popa a las argollas del malecón. Aquellas enormes y robustas embarcaciones, cuya bodega ocupaba la totalidad del casco, carecían de autonomía. Recuerdo que grandes botes de remos, con tripulaciones de expertos y fornidos remeros, se encargaban de remolcarlas. En ocasiones, supongo que dependiendo de la carga y del estado de la mar, lanchas motoras sustituían a los botes. Aquellas formidables gabarras, que formaban parte de la logística creada en torno al comercio marítimo, eran el único medio para transbordar las grandes cargas desde y hasta los buques mercantes que, en aquellos años, al carecer Vilagarcía de la necesaria infraestructura portuaria, se veían obligados a permanecer fondeados en medio de la ría. Otras embarcaciones, conocidas como galeones, de menor tamaño que las gabarras -generalmente dotadas de motor y velas-, aunque con una considerable capacidad de carga, se abarloaban al costado de aquellos buques para transbordar mercancías de menor entidad. ‘Lantero e Hijos’ y ‘Reboredo’, tenían sus propias gabarras. Se diferenciaban de las demás porque, en cada amura -babor y estribor-, llevaban rotulada una letra de gran tamañ...Leer la continuación
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BANDAS DE BARRIO. Por Roberto Núñez Porto
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En aquellos años de mi niñez (final de los ’40 y principio de los ’50), existían en Vilagarcía las llamadas ‘Bandas de Barrio’ -alguna de cierto ‘prestigio’-, entre las que destacaban las de los barrios de O Castro, O Ramal, Ravella, San Roque… Pero -¡ojo!-, nada tenían que ver con las actuales ‘Bandas Urbanas’. Que nadie se imagine a grupos radicales como los que, lamentablemente, en los últimos tiempos, acostumbramos a ver en las manifestaciones en las grandes ciudades. Nada más lejos. Únicamente se trataba de ‘crios’ (de 7 a 9 años, excepto el jefe que tendría unos 12 años) que, de vez en cuando se liaban a pedradas, directamente o con tirachinas, contra los miembros de otra Banda, como entretenimiento seudobélico de acción directa. En más de una ocasión, para qué negarlo, aquellas ‘batallas campales’ acababan con ‘heridas de guerra’ cuyas cicatrices quedaron como recuerdo imborrable -nunca mejor dicho-, para toda la vida, como testimonio de una niñez sin televisión, sin consolas ni ordenadores, sin teléfonos móviles… Eran juegos primitivos, sin llegar a ser salvajes; aunque, si bien es cierto que calificarlos de cruentos sería exagerado, tampoco estaban exentos de riesgo. Recuerdo que la fuente de O Castro, que ya entonces carecía de caños y de agua, era el ‘arsenal’ de cantos rodados para las guerrillas de la Banda de O Castro. Toda la ‘munición’ se iba almacenando en aquel enorme y pétreo depósito...Leer la continuación
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GARAJE LA PLAYA (Parte III)
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En esta tercera y última entrega, mis recuerdos se detendrán en una calurosa tarde de verano en la que mi abuelo, a través de didácticas y pedagógicas explicaciones, acompañadas de diseños demostrativos que él mismo iba dibujando con tiza sobre aquel encerado al que hice referencia en la primera entrega, me reveló una interesante faceta de su dilatada trayectoria profesional: los intentos fallidos,...Leer la continuación
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GARAJE LA PLAYA (Parte II)
 
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En esta segunda entrega, los temas de los que me ocuparé no tienen ninguna relación con la mecánica del automóvil. Sin embargo, se corresponden con la multidisciplinaria profesionalidad de Ramón Porto Rey. LLAVES Y CERRADURAS En toda profesión, inevitablemente, en algún m...Leer la continuación
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GARAJE LA PLAYA (Parte I)
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El ‘Garaje La Playa’, propiedad de Ramón Porto Rey (mi abuelo materno), estaba ubicado en la otrora Calle de Ramiro Cores (hoy, Avenida de la Marina), al lado del ’Bar Xesteira’. Ambas edificaciones fueron demolidas al abrir la actual Rúa Conde de Vallellano. En los albores de los años ’30, en aquel local se guardaban y rep...Leer la continuación
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EL LARGO CAMINO HACIA UN FUTURO SOÑADO… (Parte IV)
 
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MOTOCARRO La irrupción del motocarro en el mercado de los vehículos de tres ruedas, supuso un revulsivo en el sector del transporte ligero de mercancías. El ‘Isocarro’, del que se fabricaron 25.000 unidades, desde 1954 hasta 1962, fue el primer vehículo de estas caracter&...Leer la continuación
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EL LARGO CAMINO HACIA UN FUTURO SOÑADO… (Parte III)
 
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CINTA DE VÍDEO Supuso, para los de mi generación, la posibilidad de poder disfrutar, en la comodidad del hogar, de películas, documentales y reportajes, propios y ajenos; así como, también, realizar grabaciones de imágenes y sonido en cinta magnética, directamente de la televisión, teniendo el control absoluto de los tiempos: pausa, congelación y re...Leer la continuación
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EL LARGO CAMINO HACIA UN FUTURO SOÑADO… (Parte II)
 
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BOMBONA DE GAS BUTANO El gas butano GLP (gas licuado del petróleo) está considerado como una energía eficaz, por su elevado poder calorífico; limpia, por tener una combustión sin residuos de azufre ni micropartículas; económica, por su inmejorable relación calidad/precio; y segura, porque su instalación está realizada y controlada por sistema...Leer la continuación
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EL LARGO CAMINO HACIA UN FUTURO SOÑADO… (Parte I)
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Echando la vista atrás -¡muy atrás!-, los que pertenecemos a la generación de la primera mitad del siglo XX -y no al período jurásico, como algunos pudieran pensar-, que también fuimos jóvenes una vez, recordamos cómo en los años 40, 50, 60 y 70, los avances tecnológicos fueron cambiando nuestra forma de vida, rindiéndonos a unas necesidades de las que ya no hemos podido sustraerno...Leer la continuación
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REALIDAD PERDIDA
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La Alameda, nuestra alameda, lugar de juegos infantiles bajo la atenta mirada de madres y abuelas, me trae a la memoria inolvidables recuerdos de caídas, de rodillas con rasguños y arenas incrustadas, diciendo entre ‘hipos’ que te habías hecho daño. En realidad, decías que te habías hecho ‘pupa’. Luego, ellas, humedeciendo con saliva un pañuelo, te limpiaban la herida y te sentaban en el banco, a su lado. Y allí estabas tú, balanceando las piernas -...Leer la continuación
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"Diana", nuestra perra de caza
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Había llegado por ferrocarril, desde Barcelona, tras un largo viaje de 24 horas. Era una joven y esbelta perra de caza, castaña y blanca, cruce de galga y podenco, de nombre ‘Diana’. Al atardecer del mismo día de su llegada, mi tío Roberto, impaciente e ilusionado, la llevó al ‘Montiño’ para que hiciera un poco de ejercicio y, de paso, observar su comportamiento. Desenganchó el m...Leer la continuación
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LAS SOMBRAS DEL PASADO . Por Roberto Núñez Porto