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"Unha ventá para o recordo"
A Vilagarcía antiga
 

PATRIMONIO ARQUEOLÓXICO, ARTESANÍA E IDADE ANTIGA

 
HISTORIA DE SOLOBEIRA - Celtas e outras etnias
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“En Solobeira se halló un hacha neolítica”. Esta cita do Museo de Pontevedra vén sendo o punto de partida máis antigo sobre da parroquia de Solobeira. A presencia de restos neolíticos fálanos da estadía humana na zona neste período da Prehistoria que sucede ó Paleolítico, os dous en que se divide a Idade da Pedra. Non se especifica nesta referencia en que zona de Solobeira se atopou este machado. Coido que puido ser polas abas do sur de Lobeira, posiblemente preto do desgraciadamente derruido CON DO ENCANTO, un lugar cheo de misterio que a ignorancia de entón converte en lendario recordo. ¡Triste destino dos nosos restos prehistóricos que noutras zonas de Europa saben protexer debidamente e con coidadoso agarimo! iSe ata os penedos de Lobeira serviron de nefasta canteira!. Sexa como sexa, este resto pétreo fálanos que xa daquela había alguén que se dedicaba a pulir a pedra, e a peza servía fundamentalmente para cazar, base primordial cara a supervivencia dos escasos seres humanos neste afastado recuncho de 0 Salnés. Os asentamentos tribais de enton precisaban sobre de todo de bos terreos para iniciar unha vida familiar moi rudimentaria. Inda que a agricultura ten nacer varios milenios antes de Cristo nas hoxe martirizadas terras de Iraque, a estas zonas chegarían polo instinto primitivo da supervivencia moitísimo tempo despois. Polo veran recollían os froitos que daban as abondosas árbores, o tempo que intentaban axuntar cara a longa e dura invernía as reservas da caza, aproveitando as peles da...Leer la continuación
Escrito por Xosé Lois Vila Fa...  Agregar un comentario   1 comentarios
 
O Castro da Bouza en Trabanca Badiña
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Continuamos nuestro viaje por la arqueología de Arousa, en este caso nos vamos a parar en el Castro da Bouza o Castro do Coruto, que se sitúa cerca de los depósitos de la depuradora de Trabanca Badiña, en Vilagarcía de Arousa. En el ayuntamiento de Vilagarcía tenemos al menos, además del famoso Castro de Alobre, cuatro castros más: el Castro de A Xaiba en San Pedro de Cea, el Castro de Aralde, en San Martín de Sobrán, el Castro de Arriba en Trabanca Sardiñeira, quizás el más alterado debido a diferentes construcciones, y el ya citado Castro do Curuto o da Bouza. El Castro da Bouza se sitúa en un pequeño espolón en la ladera suroeste del Monte Xiabre, desde donde se obtiene un pequeño dominio visual del entorno, y se sitúa muy cerca de varios regatos, el de Carballido, el de Guillán y, algo más lejano, el del Cón. Se trata de un castro pequeño, un asentamiento castreño que estructuralmente no ha sufrido alteraciones muy graves debido a diferentes construcciones. Presenta una forma circular en planta de unas dimensiones aproximadas de 120 por 120 metros y consta, como todos los castros, de dos zonas bien definidas: un recinto superior, la corona o croa, con forma circular también, compuesto por un afloramiento granítico al norte con huellas de trabajo de cantería moderna y una terraza hacia el sur con restos de un parapeto y, por otro lado, un recinto inferior formado por al menos dos terrazas bien de...Leer la continuación
Escrito por Alberto Martínez ...  Agregar un comentario   0 comentarios
 
O misterio da ara romana que desapareceu hai un século - Trabanca
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O CSIC saca á luz cartas e debuxos inéditos que poden servir como fonte para o estudo indirecto da lápida de Trabanca (Vilagarcía) ata que se consiga, a súa recuperación, máis dun siglo despois da súa desaparición. As novidades son presentadas polo profesor e investigador Carlos Santos Fernández na revista ‘Cuadernos de Estudios Gallegos’, onde refuta as teses de varios investigadores que defenderon que nunca existiu tal peza. Cinco documentos claves, catro deles inéditos. Esta é a aportación que fai o profesor e investigador Carlos Santos Fernández no último número de Cuadernos de Estudios Gallegos —revista do Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)—, para arroxar luz sobre o misterio da ara de Trabanca, unha peza epigráfica romana achada entre 1885 e 1890 na parroquia de Arealonga, no concello de Vilagarcía de Arousa, e da que se perdeu o rastro arredor de 1909. Nun artigo titulado ‘Cartas y dibujos acerca de una inscripción romana desaparecida: el ara de Trabanca (Vilagarcía de Arousa) ’, Santos Fernández dá a coñecer cinco documentos (tres cartas e dous debuxos) —catro deles, inéditos e outro publicado en 2012— conservados no Museo do Pobo Galego, na Real Academia Galega e no Museo de Pontevedra, que “poden servir como fonte para o estudo indirecto da ara de Trabanca ata que se consiga, como esperamos, a súa recuperación”, expón o autor....Leer la continuación
Escrito por Alberto Quián •   Agregar un comentario   0 comentarios
 
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AS ÁNFORAS ACHADAS EN CORTEGADA

A Illa de Cortegada aparece xa en textos do xeógrafo grego Estrabón, no século I antes de Cristo; tamén era coñecida polos romanos, como o demostra o achado de fragmentos  de ánforas e diversos obxectos de cerámica no seu fondo mariño. Despois de moitos estudos chegouse  a conclusión da existencia dunha nave afundida xunto á illa procedente do Sur que transportaba un cargamento de viño e louza,  tal vez unha pequena nave oneraria, que aprovisionada nalgún porto da citada ruta de altura distribuía os produtos polas rías baixas. O naufraxio produciuse cara ao terceiro cuarto do s. I d. C, momento no cal o río Ulla cumpría a función dunha das máis importantes rutas para penetrar no interior de Galicia, como denotan os achados realizados ao dragar os seus fondos e tamén en xacementos próximos.

 
Os louceiros da Parroquia de San Xinés de Bamio - Historia

Os louceiros da Parroquia de San Xinés de Bamio - Historia - Fotos : 13

02/07/2014 10:29:49
La parroquia de San Xinés de Bamio, que formó parte del desaparecido municipio de Carril, pertenece hoy al de Vilagarcía de Arousa. En el siglo XIX su población era de 696 almas, y de 1.314, en el censo de 1.970. Se halla enclavada al final del estuario del Ulla, casi en el punto en que sus aguas se mezclan con las del mar de Arousa. 
En la parroquia existe un lugar conocido como O Campanario y por “O Louceiro”, por haber estado en torno a él  la mayoría de los hornos de los alfareros. Esta aldea se extendía junto al mar y allí se conservas la vivienda y restos de hornos de algún viejo “louceiro”. En la orilla-mar inmediata se refleja el encanto de su paisaje entre campesino y marinero.
                              “Aldeíña do Louceiro,
                               aldea  que todo ten,
                               boas mozas, boas peras,
                               e bós rapaces tamén.”
 
LOS “LOUCEIROS”
No conocemos ninguna referencia significativa del momento en que pudo haber comenzado la alfarería en esta aldea. De hecho es sorprendente la existencia de una aldea de alfareros que tiene necesidad de transportar el barro desde muy lejos, trayéndolo por mar desde un lugar distante veinticinco kilómetros. Quizá fuese suficiente con analizar las razones económicas y la falta de otras diversas motivaciones industriales a nivel campesino.
Los vecinos de Bamio denominaban a los alfareros “louceiros”. Por los años 1038-1940, estos alfareros fueron abandonando el trabajo del barro. Dejaron de hacer sus “cántaros”, “barreñones” y otras formas a causa de la competencia de otros artículos industriales y porque la galena para el vidriado resultaba muy cara.
Actualmente, la aldea es más conocida por el nombre de “O Campanario” porque en ella se asienta la torre-espadaña que está situada a muy poca distancia de la iglesia parroquial.
Perdura en Bamio el recuerdo de los últimos alfareros y alguno de ellos todavía sobrevive para poder contarnos su historia. Entre estos hombres podríamos nombrar : o señor José Mª, “o Tintín”; o señor Genaro, “O Xanote”; “o Reviricho”, que hacía los mejores cántaros; o señor Torrado, “o Pola”; “o Coxo”; o señor Ramón, “o Xurdo”; o señor Barreira; o señor Vicente, “o Pantalla”; o señor José, “o Casal”; o señor José, “o da Revolta”. En los últimos años, un “louceiro” de Bamio se fue durante un año a Carnota para fabricar “louza” en una fábrica de tejas.
En 1.752 trabajaban en esta localidad diecisiete artesanos: Alberto Suárez, de 57 años; Benito Blanco, de 42 años; Cayetano Romero, de 52,  y su hijo Miguel; Jacobo Barcala, de 60, y el mayor de sus hijos, labrador y alfarero; Manuel Fresco, de 30; Marcos Suárez, de 40; todos ellos vecinos de O Campanario. Ambrosio do Campo, de 50 años, vecino de A Lomba; Carlos García, de 52 años, y su yerno, Tomás Romero; Francisco Suárez “el Viejo”, de 83 años y su hijo Franscisco Suárez “el Joven”, de A Dona; Francisco Lojo, de 25 años, de Nogueirido; y Manuel Suárez, de 40 años, de Vilar. Se les calculaba una “utilidad anual como fabricantes de loza ordinaria, y, a más de ello, se ejercitan como labradores”, de 400 reales de vellón anuales a los más hábiles, y de 300 ó 200 reales a los demás. 
MIÑANO no recoge información alguna sobre este núcleo de alfareros. Y MADOZ, en 1.846, dice que existían en Bamio “cinco alfarerías”.
La calidad de las piezas de los alfareros de esta parroquia a finales del siglo XIX era grande y merecida. “En Bamio hay tejares y alfarerías, donde se construyen objetos de barro, macetas, botijos, pucheros, cazuelas, escudillas, platos, etc. En la última Exposición de Pontevedra (de 1.880) hicieron estos fabricantes ostentación de su industria, entre cuyos productos llamaba la atención una trompeta de barro, construida con arreglo a todas las leyes de la acústica. Nadie, al escuchar sus sonidos, creería que no eran producidos por un buen instrumento de metal”.
Y se destaca que “causaron agradable impresión” las obras, incluso los tiestos y alcatruces, presentados por el artesano José García Fresco, quien ya concurriera a la Exposición Regional de Lugo de 1.877 con una “campana de barro”.
A comienzos del siglo XX, la alfarería tradicional se complementaba con la fabricación de tejas y ladrillos en el entonces término municipal de Carril.
Los “louceiros” sólo en contados casos heredaban el doble oficio de agricultores y alfareros. Algunos alternaban el trabajo del torno con el cuidado de las tierras; otros lo alternaban con la pesca o navegando por mares muy lejos de su tierra. En 1.936 sólo quedaban tres “louceiros”, y por los años de nuestra guerra se dejó para siempre la industria alfarera. A medida que otros oficios ofrecían mayor rentabilidad, se fue abandonando el barro.
La tarea, o labor diaria de un “louceiro” podía alcanzar los 300 “petos”, o cuatro docenas de “barreñones grandes”, o seis “pezas” si se trataba de “cántaros da medida” de 16 litros. Por el año 1.936, poco antes de iniciarse la guerra civil, un alfarero al jornal ganaba seis reales diarios y mantenido, de lo que se deduce que acostumbraban a tener una más holgada economía que los campesinos. Sin embargo, eran menospreciados por muchas gentes, que llegaban a pronunciar comentarios  despectivos, no siempre justificados, como el que afirmaba que “vivían como a trampa”.
 
EL BARRO.
Ni en Bamio ni en su comarca hay barro. Por ello, los alfareros adquirían el que se obtenía en los fondos marinos de la ensenada de A Toxa, en los puntos conocidos por A Seca y Os Tubos, o Ensenada dos Tubos, de la parroquia de Vilalonga (Sanxenxo), que proporcionaba, bajo pocos cmts. de lodo, un barro de color rojo y de gran plasticidad, “barro roxo”, el cual, como en ocasiones venía en manchas de color amarillo, se le conocía como “barro pinto”. Alguna vez se obtenía una arcilla caolínica, “barro blanco”, que tenía una menor utilización. En Dena, ya en tierra firme, se extraía un barro negruzco que después de la cocción lo utilizaban exclusivamente para hacer “cántaros”.
El “barro roxo”, o “barro pinto”, se extraía en lugares que oscilaban entre pocos metros y quinientos metros de la línea de las mareas equinocciales máximas. Para localizar la capa de arcilla idónea bajo el fondo marino se perforaba el terreno con una barra de hierro, “cala”, de afilada punta, introduciéndola hasta notar bajo el lodo la resistencia del barro. En el punto localizado se dejaba clavado un palo, o “espeto”, y a su lado quedaba anclada una lancha que se utilizaría para el transporte. Al descender la marea se procedía a practicar pozos cuadrados de cuatro o cinco metros de profundidad, “barreiros” , en los que trabajaban de dos a seis hombres. Los lados del pozo se protegían con planchas de madera para evitar derrumbamientos.
Para abrir el pozo se comienza por retirar el fango con la “eixada de descubrir”, que es una azada cuadrada, similar a la de las faenas agrícolas de la zona. Al llegar al barro se utilizaba la “eixada de cavar”, de hoja mucho más estrecha que la primera, de unos 20 cms. de longitud y de 10 cms. de ancho, con mango de boj. A cada golpe de azada se arrancaba se arrancaba una plancha de barro, “pañón”, que se lanzaba con la misma azada al interior del barco. Para el caso que el pozo fuese profundo, el “pañón” lo lanzaba un segundo hombre a la superficie y un tercero lo colocaba en la cubierta del barco. Los pozos volverían a cegarse con los arrastres de las mareas en un intervalo de unos cuatro meses.
Los barcos que realizaban el transporte del barro hasta Bamio eran contratados por los alfareros a los “lancheiros”, es decir, a los dueños de los barcos. Se trataba de veleros, normalmente utilizados para el tráfico por la ría, de un solo palo, con vela y foque triangulares, con el fondo muy plano y quilla de unos 20 cms., apto para navegar en zonas de muy poco fondo. Los alfareros normalmente contrataban el transporte de 6 ó 12 toneladas de barro, aunque los veleros podían alcanzar unas 20 toneladas de desplazamiento.
Se descargaba el barro en la misma costa, frente al barrio de Os Louceiros, en el punto denominado A Fontiña. Los marineros iban amontonando el barro en “bolas”, que trasladaban las mujeres sobre sus cabezas y las depositaban en un lugar conocido como “A fraga de Paco”, formando montones, o “moricos”, de barro. Después, los montones se sorteaban entre los alfareros que habían comprado colectivamente el barro, y cada uno se llevaba su parte en carros de bueyes. En 1.930, los alfareros pagaban cinco pesetas por cada tonelada de barro puesto en Bamio.
 
PREPARACIÓN DEL BARRO.-
 Las “bolas” de barro, que pesaban cada una de 25 a 30 kilos, se subían en carros o en cestas hasta el lugar  en donde los alfareros disponían de una piedra o roca plana para prepararlo. Todavía existe, cerca del campanario de la iglesia, una piedra conocida por A Laxe, que fue utilizada por varios alfareros. Allí, si el barro estaba seco, se echaba al agua de un pilón hecho de piedras, se golpeaba a base de “cortes” con un “sable” de hierro, curvado, de unos 80 cms. de largo por 5 cms. de ancho y de un grosor un poco mayor que la lámina de la llanta de un carro del país. Después se “pisaba” con un “pisón” de madera, de cabeza cilíndrica, de unos 50 cms. de altura. Con esta operación se igualaba la consistencia del barro, “comparado todo por un igual”, para que no hubiese unas partes más duras que otras.
Antiguamente se “pisaba” con los pies descalzos, sobre “a laxe”, cargando la fuerza sobre el talón y borde interno del pie, moviéndose en espiral de fuera a dentro, a fin de eliminar con precisión las porciones duras, o “codillos”.
Con el barro ya preparado se hacían grandes masas, o “bolas”, que deberían equivaler a la “tarea” o trabajo de cada día. Al comenzar el trabajo del día, el alfarero coge una “bola” de barro que lleva al “tableiro”  del torno, o a una mesa de madera o de piedra. Sobre la mesa va comprimiendo fuertemente el barro entre los dedos, para “escoller o barro”, con objeto de sacarle las arenas. Después, la “bola” es cortada en pequeños “bolos”, con el tamaño proporcional a las piezas a construir. Todavía uno por uno, cada “bolo” se “grama” con las manos, humedeciéndolo si fuera necesario para alcanzar su adecuada consistencia, antes de ponerlo sobre la mesa del torno.
 
EL TORNO.
El torno es conocido por “a roda”. Estaba situado en la cocina o en un alpendre anejo a la casa. Su montaje consistía esencialmente en un marco de tres gruesos tableros clavados por sus dos extremos en la pared, y apoyado en dos estacas hincadas en el suelo. Sobre ese marco descansan las contadas tablas que constituyen o “tableiro” o “mesa da roda”. Frente el “tableiro”, una tabla servía de asiento al alfarero, apoyada también en dos estacas.
El eje, “eixo”, también conocido por “o rodicio”, de madera dura como “ameneiro” o aliso, o bien “freixo” o fresno, encajaba en una entalladura labrada en el tablero que se cerraba mediante un madero corto, formando así el yugo, o “xugo”, para el eje. Ese palo corto se ataba, mediante cuerdas, a la estructura de la mesa. En el extremo superior del eje encaja a presión la rueda menor o “forma”, y por su parte inferior el eje queda sujeto mediante cuñas de madera al volante, o “roda”, finalizando por abajo en un espigo de hierro que gira sobre un canto rodado, o “seixo”, de igual manera que los molinos de los cereales. A nivel del yugo, el eje se envuelve en una tira de cuero engrasada para facilitar el giro.
La rueda inferior recibe el impulso del pie izquierdo, en sentido opuesto a las agujas del reloj, mientras el pie derecho descansa en un travesaño. Cuando elaboraba grandes piezas, el alfarero colocaba sobre la rueda superior “formas” suplementarias, adhiriéndolas a aquéllas con barro, después las quitaba junto con la pieza, y era frecuente que para la construcción de esas grandes vasijas trabajase de pie. En las tablas que están sobre la “mesa da roda”, en una de ellas están los “bolos” de barro y en otra “a louza” que va fabricando. En torno a la rueda dispone de una vasija para el agua, o “ o cacho da auga”, que era habitualmente un “barreñón” pequeño. Y como instrumentos emplea dos “canas”, similares a las de los alfareros de Buño, una “lisa” de forma trapecial, con dos puntas para dar la  forma y alisar las paredes;  la otra “entallada” , llamada así porque lleva un entrante, para hacer el pie de las vasijas que lo llevan; para alisar los bordes emplea “o coiro”, obtenido de una lengüeta de un zapato o de una tira de cuero fino.
 
EL TRABAJO AL TORNO.
La elaboración de una vasija tiene una gran similitud con la técnica empleada por los alfareros de Buño.
1.- Se comienza por coger un “bolo” de barro y se adhiere sobre la rueda superior, o “forma”, lanzándola con fuerza mientras gira el torno.
2.- Se comprime “o bolo” hacia abajo, contra la rueda, con las dos manos abiertas, para centrarlo en la rueda. Se eleva comprimiéndolo con las dos manos. Se vuelve de nuevo a bajar, comprimiéndolo con ambas muñecas, “cos papos das máns”, para que el barro quede sin aire, “ben macizo”, y de nuevo se eleva, abrazándolo con ambas manos.
3.- De arriba abajo,  se procede a “abrir o barro”, metiendo los pulgares en la masa del “bolo”, hasta abrirlo por completo. En piezas grandes se introduce en la hoquedad abierta con el puño de la mano izquierda.
4.- Con la mano izquierda por dentro, apoyados a la pared del borde del índice y el dedo homólogo de la mano derecha por fuera, se procede a “subir o barro” al tiempo que se le va dando forma , “a feitura”. Tres “subidas” suelen ser necesarias para completar la forma de la vasija. Durante la segunda “subida” se hace el “orillo” o borde grueso en las piezas que lo llevan.
5.- Con “a cana”, mientras la mano izquierda sigue por dentro, “dase a terminación da feitura”, finalizando de modelar la forma, definiendo el pie y puliendo el borde. Y con la punta de “a cana” se trazan las líneas incisas, o “riscos”, cuando la vasija lleva decoración.
6.- Terminada la pieza, se separa de la “forma” cortándola con un hilo fuerte de coser. Las asas se colocan, “enlasar” al siguiente día, cuando el barro ya está endurecido, o “callado”.
Los residuos que se adhieren a sus manos reciben el nombre de “lambuxas”, que las va retirando de las manos cuando se hacen molestas, amontonándolas junto a la rueda para unirlas a otro “bolo” de barro; las manos deberán poseer un tacto adecuadamente “dondo”, o suave. Finalmente, con un hijo fuerte de coser desprende las vasijas del torno, para pasarlas a unas tablas en las que se llevan a secar al sol, si no era muy fuerte; y en los días de invierno se secaban en la cocina.
Por cada hornada se consumían aproximadamente cuatro toneladas de barro. Y suponía el trabajo de un alfarero durante un mes, “traballando día e noite”.
 
FORMAS Y DECORACIÓN. VIDRIADO.
Cuando una pieza es muy ancha en su base se dice que lleva “fondo”, y si, al contrario, es de base estrecha, a esa base se le llama “cu”.
Desde otro punto de vista, hay vasijas con la base plana y otras en que es curvada. Las “tarteiras”, “barreños”, “olas”, y  “macetas de colgar”, después de secar durante un día, volvían de nuevo al torno para hacerles el fondo  curvo, mediante el “desbaste” con la “raspilla”, que es una lámina metálica, hecha de un trozo de arco de barril, con uno de los extremos largos que sirve de agarradera. Para que la vasija no se desviase durante el “desbaste”, se centraba sobre el torno con ayuda de un “bolo” de barro que hacía de molde.
Los bordes pueden ser lisos del todo, lo cual equivale, en el concepto de los artesanos, a carecer de borde, o nien ligeramente reforzados, como en el “cántaro”,  y muy reforzados, como en las “olas” y “tarteiras”, con la finalidad de servir de apoyo a una tapadera, o “testo”, o en “barreñones” y “barreñas”, por las propias necesidades de su uso. A este borde muy reforzado, últimamente referido, se le conoce como “orillo”. Para su construcción se adelgazaba el borde en su final, y a continuación se dobla para engrosarlo.
La decoración de las vasijas de Bamio es muy escasa. Pudiera deberse a que la consideraban una pérdida de tiempo, pues nada se hacía con la rueda parada. En contadas piezas se aplicaba una o dos simples líneas incisas, o “raias”, como en “xerras”, o en “petos”. Las líneas incisas podrían formar “ondulados”. O también se trataba de picados incisos, o “punteados”. Tan sólo se adornaban con cierta dedicación las macetas, o “tarros”, mediante moldeados de su “orillo” o con decoraciones con líneas incisas.
El vidriado, o “baño”, se preparaba moliendo galena, “alcol do louceiro”, en molinos de mano. En una “barreña” grande se disolvía en agua la galena molida. Antes de su aplicación, las piezas pasaban por una primera cocedura de bizcochado. Se cogía de la “barreña” con una concha de “vieira”, vaciándolo en el interior de la vasija a bañar, la que agitaba para que el vidriado se extendiera por toda su superficie interior hasta el borde. Este baño de galena, como impermeabilizante, era utilizado en una mayor parte de las vasijas de Bamio, con la sola excepción de las macetas, que iban sin vidriado.
 
LOS HORNOS.- 
Todos los hornos estaban construídos en el barrio de O Louceiro o en sus proximidades. Se recuerda en A Fontiña el horno “de Mateo”; en A Granxa, el horno de “Granxa de Ave”; en A Chamuscada el horno “do Reviricho”; en O Louceiro, los hornos de “Tintín”, de “A Barreira”, de “San Xoán”, do “Lagarto”, de “Xanote”. Los de la “señora Genoveva” y de “Pola”. Hace todavía muy pocos años que se conservaban los restos de alguno de estos hornos.
Eran similares a los viejos hornos de Buño. Cilíndricos, abiertos por arriba, de unos 2 metros de altura y 2,5 metros de diámetro, de paredes de mampostería de granito. Su parrilla constaba de una placa central circular hecha de piedras y barro, sin apoyo vertical, saliendo de ella unas piedras radiales, en número de unas diez, que dejan huecos entre ellas. Algunos hornos sostienen su parrilla mediante dos arcos cruzados, pero sin pie central. La boca de fuego, “porta do forno”, orientada hacia el NE., era de medio punto, estando protegida en ambos lados por un murete triangular saliente. Alguna vez, la leña amontonada junto al horno también ofrecía  una conveniente protección contra los vientos. Por la parte interior del horno había dos o tres pares de muescas, o “fochas”, diametralmente opuestas por pares, que servían de apoyo para cargar el horno. Y por el exterior, hacia un lateral de la boca de fuego, existía, en lo alto de la pared, una abertura denominada “porta de arriba” de unos 30 cms. de alto e igual de ancho por la que se comprobaba la cocción.
Casi todos los “louceiros” tenían su propio horno. No se recuerda que existieran hornos comunales. Los que no lo poseían podrían usar el de cualquiera de sus compañeros sin interás alguno. 
 
LA COCCIÓN.
Cada “oleiro” cocía un máximo de ocho veces al año. Comenzaba la carga del horno por la mañana temprano y terminaba la cocción ya de noche. Esta operación supondía unas ocho horas cargando el horno y calentándolo, y a continuación unas 4 o 5 horas de fuego fuerte. En una fase inicial se cargaba la cuarta parte del horno, calentándose estas vasijas para que sirvieran de apoyo a las restantes.
Para la cocción se empleaba “toxo”, tojo, y “fento”, hoja seca de pino. En cada cocción se consumían unos veinte o treinta “feixes” de tojo. Este combustible se traía de los montes de Abalo o del Monte Boleco, que compraban a los labradores. Cada “feixe”, o haz, estaba formado por nueve “panadas”, y cada “panada” por cuatro “galladas”, que es la cantidad que se podía cargar de una vez con una “galla”, u horquilla. Las mujeres, que acostumbraban a coger y transportar el tojo, se aprovechaban de un desnivel del terreno para cargar el haz sobre su cabeza, la cual protegían con un saco doblado, pues tenían que hacerlo por si mismas, ya que no contaban con gente para ayudarlas. El horno se comenzaba a calentar paulatinamente “ir quentando” –función de la que encargaban las mujeres, que acercaban el combustible con el “gallote”, horquilla de tres púas- cuando la carga del horno alcanzaba aproximadamente un metro de altura. Con una vara larga de pino verde, “a vara de sobrascar”, se levantaba la leña para airearla en la combustión, y con ella se extendía el rescoldo para hacer espacio para más leña.
Se continuaban colocando las vasijas hasta el límite de la altura del horno. Las que se vidriaban iban situadas en su primera cocción en la parte alta del horno para que quedasen bizcochadas. Por arriba, las piezas se tapaban  ligeramente con trozos de otras rotas de cocciones anteriores. Al paso del tiempo de cocción, el fuego iba avivándose progresivamente. Hacia las once de la noche, y todavía durante un par de horas, se avivada el fuego al máximo. De esta última fase se encargaban los hombres. Si el fuego no salía por la parte alta del horno se echaba hoja seca de pino por la parte superior del horno “para que chame polo fuego”. Se asegura que los marineros, desde el mar y por la noche, veían el resplandor de las llamas al elevarse por las bocas de los hornos.
Al día siguiente podían sacarse los cacharros del horno.
 
LAS VASIJAS DE BAMIO
“BARREÑÓN”:
Esta vasija se empleaba en la “matanza”. Se hacía en cuatro tamaños, los más grandes de 10 a 12 litros, y hasta 2 litros los más pequeños. Los de mayor tamaño se utilizan para la recogida de la sangre, y los pequeños para “as menudanzas e a grasa do porco”. También podían prestar otros servicios en la cocina o en la casa. En los tamaños pequeños, los “barreñóns” fueron usados como “fontes” para comer en ellos.
El “barreñón” tiene la pared oblicua, de amplia boca respecto a la base. Y su borde reforzado, u “orillo”, se esvasa ampliamente siguiendo la dirección oblicua de las paredes , o “barriga”. En esta vasija, como en otras por similar motivo, la base por ser amplia se conoce por “o fondo”. Vidriada con “alcol” por el interior. 
Cuando se colocaban en el horno tanto “barreñones” como “barreñas”, se disponían las de menor tamaño dentro de las grandes, con el objeto de que ocuparan menos sitio y rindiera más el horno.
 
“BARREÑA”:
A diferencia de la anterior, en la “barreña” las paredes de su “barriga” son verticales, aunque se abren levemente hacia su borde reforzado, u “orillo”, y forman una convexidad hacia la base, o “fondo”, incurvada mediante la antigua técnica de “desbaste”. Sus tamaños son menores que en las anteriores vasijas, de 6 a 2 litros, entre cuyas medidas se hacían tres tamaños. Puede llevar o no dos asas transversales, y baño de “alcol” en el interior. Se empleaba para los servicios de la cocina, como podía ser “salar pescado”, es decir, “facer a salmoeira de sardiñas”.
Cuando se “desbastaba” el “fondo” de una “barreña”, como cualquier otra pieza que llevase el fondo curvado, lo cual debería hacerse al siguiente día de tornearla, se le invierte sobre la rueda del torno  y con una “lata” se “raspillan” los bordes hasta darle forma. Y mientras se “desbastaba”, con objeto de situar la vasija bien centrada sobre la rueda del torno, se utilizaba un “bolo de barro” que hacía de molde para que no se mueva.
 
“OLAS”.
También conocidas por “pucheiros”. En ellas se hacía “o caldo” o “fervíase o leite”. Su cuerpo, o “barriga”, es de configuración esferoidal en su mitad inferior, seguido hacia abajo por el “fondo” curvado por “desbaste”, mientras que por arriba se aplana y converge hacia el “orillo”, levemente “caído”. Lleva dos asas verticales y por dentro un baño de vidriado, o “alcol”.
Se hacía en tres tamaños: “olas grandes”, de 3 litros; “olas medianas”, también llamadas “oliñas”, de 2 litros; y “olas pequeñas”, o “pucheiros”, de 1 litro.
 
“TARTEIRAS”:
Para cocinar “ben sea peixe ou guisos”. Su “fondo” es curvado, por “desbaste”, hasta dejar sólo una pequeña superficie plana en que apoyarse. Por los lados la pared es recta, lleva sos asas verticales, y termina en borde reformado, u “orillo”, que se cubre con un “testo”. Se le aplica vidriado al interior. Y se hacía en tres tamaños, como las “olas”, de 3 , 2 y 1 litro.
 
“CÁNTAROS”.
Es una vasija de sorprendente diseño para este centro alfarero de formas tan simples, aunque  quizá no fuesen muy antiguas dentro de la evolución global de nuestra alfarería.
El “cántaro” se emplea como medida del vino, y por tal motivo se hacía con la medida de una “arroba”(25 cuartillos, ó 12,5 litros). El propio usuario o “cosechero”, le labraba un pequeño orificio, como señal, a la altura de donde alcanzaba esa medida. Alguna vez se utilizaba para el transporte del agua y como depósito, al tiempo que en la propia comarca de Bamio se empleaban “baldes”, o sellas.
El cuerpo sorprende por la exagerada convexidad de su “barriga”, que se hace más sobresaliente en su zona media. Tiene, comparativamente, reducidas dimensiones a nivel de su base estrecha , o “cu”, y de su boca, cuyo borde en ligeramente reforzado, sobre un cuello que paulatinamente se estrecha al elevarse. Un asa se dispone, arqueada y oblicua, de la mitad del cuello hasta la proximidad del éntasis de la barriga. Alguna vez lleva dos asas, pero lo propio es que llevase una sola. Y por el interior, vidriado con “alcol”.
El “cántaro” siempre tiene igual medida. Y la razón para que siempre fuera igual, se debía a que el “louceiro” cuidaba que los “bolos de barro” fueran siempre de igual tamaño para cada pieza.
 
“CUNCAS” e “TAZAS”.
En opinión de los más viejos de la comarca, la diferencia entre “cunca” y “taza” se establecía tanto por el tamaño como por el uso. “Cuncas son as de comer o caldo”, que se hacían con una cabida aproximada de 1 litro, y más frecuente después, de medio litro, que aquí llaman “cuartillo”. Y “as tazas son para as romerías”, nada más que “para beber o viño”, con una cabida siempre menor que las anteriores, de 250 cc., pero más veces de 100 cc., a lo cual conocen como “un chiquito”. Las “tazas” , como las “xerras” solo se vendían para las “romerías”.
La forma de ambas era idéntica, de menguada altura, con marcada convexidad en su “barriga” y un amplio surco bajo el borde. Con baño de “alcol” por dentro. Y sin asas. Tan solo se diferenciaban en el tamaño.
 
“XERRAS”.
Tal vasija, refiriéndonos a finales del siglo XIX o comienzos del XX, no se hacía para ser usada en las casas, sino para las “romerías”. Porque por tal época, recordada por los viejos “louceiros”, casi no había vino: “quén o pescara”, dicen ellos. Sólo lo “pescaban” en las fiestas, y alguna vez cuando se cocía el pan, para “facer mijas ou sopas co pan de bola”. Y este “pan de bola” es un pan muy bajo, hecho en la entrada del horno, sobre una hoja de col, mientras se calienta para cocer “o pan”.
Las xerras tienen un cuerpo esferoidal sobre un “pe” de escasa altura, un cuello que ligeramente se amplía y al final adquiere leve convexidad cuando va alcanzar el borde. Tiene un “picho” que se hace con los dedos en la propia pared del cuello. Con un baño de “alcol” en el interior, y alguna decoración tan simple como dos rayas incisas en su “barriga”, y junto al borde, en razón a que era una pieza que llevaban al mostrador los taberneros. Su cabida, como su forma, siempre era la misma, de 2 litros.
 
“TARROS”.
Por este nombre conocen en esta comarca a las “macetas”, que se diferenciaban en: 1) “tarros lisos”, de pared uniforme, sin “orillo” y con una muy simple decoración de dos rayas incisas junto al borde. 2) “Tarros de orillo dibuxado” , de grueso “orillo”que se abre en dos partes con el dedo al tornearlo, y a una de las dos partes se le hacen “dibuxos”, tal como sencillas depresiones, Pueden también, en este segundo tipo de “tarros”, variarlesu forma, como pudiera ser dándole convexidad a la parte baja de su “barriga”, en imitación de una “ola”.
Ambos modelos de “tarros” se hacían de cuatro a cinco tamaños, con alturas que oscilaban entre 24 cms. y 10 cms. Y un tamaño menor, o “tarros pequeniños”, para los viveros.
 
“ENREDADEIRAS”.
Se corresponden con las que en otras comarcas  denominan macetas de colgar o jardineras. Para su construcción se hacía primeramente un “tarro” con el fondo redondo, y se dividía en dos por su mitad. Y cada una de esas dos mitades se aplicaba sobre un plano de barro, llamado “zapata”, al que se pegaba la “enredadeira” cuidadosamente. Un orificio que llevaba en su fondo, entre “tarros” y “zapata” tiene por objeto escurrir el exceso de agua, y otro en su parte alta que sirve para colgarla.
A las macetas de colgar, en el momento de hacerlas, se les dejaba la superficie en escalera y cuando ya estaban duras, se “raspillaban” para darles la forma curva definitiva.
 
“TESTOS”.
Se hacían de una sola clase, planos y con un botón, o “pirilla”. Servían para cubrir las “tarteiras” y las “olas”.
 
“PETOS”.
Los “louceiros” construyeron dos clases: 1) “petos de ucha” , o petos tradicionales, de forma esferoidal, sobre un leva pie, con un botón, o “pirilla” en su parte alta, y “racha” transversal. 2) “petos” o “petos de Pascua”, de menor tamaño, sin pie ni “pirilla” y de un precio más económico. Estos “petos de Pascua” se hacían en gran cantidad para Santiago, para la procesión “das Angustias”. Durante el traslado de la Virgen, desde la iglesia de San Bieito do Campo a la capilla de las Angustias, los mozos y mozas, colocados a lo largo del recorrido, se tiraban unos a otros los “petos” por encima de la imagen procesional. Y en este juego se rompían muchos “petos”. Al llegar al atrio de la iglesia, les pedían a la gente que “lles estrenaran o peto”
 
OTRAS FORMAS. 
Se hicieron “chocolateiras” con agarradera similares a las de Buño, y otras diversas vasijas. 
Se habla de la construcción de “tuberías” o arcaduces, que se exhibieron en la Exposición pontevedresa de 1.880. Una trompeta figuró en la citada exposición. Y una “campana”, quizá como la anterior, de carácter anecdótico, fue presentada en la Exposición de Lugo de 1.877.
 
LAS VENTAS.
La venta de los cacharros la llevaban a cabo tanto hombres como mujeres. A comienzos de siglo, transportaban su mercancía en lanchas de vela, alquiladas por dos o más alfareros, en cuyas bodegas estibaban los cacharros sin protección alguna. Así, se trasladaban a los mercados de Rianxo, A Póboa y Ribeira, o hacia la otra ría, a Bueu, Marín y otros pueblos, o más al sur, a Baiona de Miñor y Vigo.
Iban a vender a numerosas ferias y mercados. A Santiago los jueves, a Pontevedra los días 1 y 15 de cada mes; a Padrón, los domingos; y a Vilagarcaía, los martes. También acudían a Caldas de Reis, Cuntis, A Estrada, Redondela, y Vigo. Hacían el viaje en tren o en autobús, transportando la mercancía en cestos y protegida con paja. A la hora de los mercados, procuraban instalar su mercancía juntos, ayudándose en las ventas.
A la vuelta de las ferias, se comentaba la presencia de otros vendedores que “viñan da parte da Coruña”, a los que conocían por “os oleiros”, y otros que procedían “da parte de Portugal” a los que llamaban “louceiros” como los propios alfareros de Bamio.
 
LOS ALFAFEROS Y LOS NIÑOS.
No se hacían “xoguetes” ni “bolas de barro”. Pero a los niños que se acercaban hasta  “ o louceiro”, éste alguna vez les hacía un “santo de barro”, como saliera, para entretenimiento.  
Cuentan que si estaba de ganas, “o louceiro” jugaba con los niños poniéndolos en la rueda inferior del torno y haciéndola girar, hasta que chillaba: “¡Parade a roda, que vexo luciñas!”
 
Escrito por Luciano García Alén •   Agregar un comentario   1 comentarios


Grazas por este escrito tan importante como interesante,aló onde te atopes,que seguramente sexa un bon lugar, moitas grazas,agora tócanos a nos intentar seguir recadando.Bicos o ceo
Isabel de Mulleres rurais de B Escrito el 19/07/2018 10:10:45



 
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 ESTACIÓN DE ARTE RUPESTRE EN VILAGARCÍA DE AROUSA
Petroglifos dos Ballotes
 
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EL LABERINTO ATLÁNTICO - OS PETROGLIFOS DO MONTE XIABRE

Por José Luis Galovart

 
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Castro Alobre, un yacimiento condenado al olvido

 
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O CASTRO ALOBRE (vídeo)

Un abandono sen precedentes

 

MAPAS XERAIS DE ACHADOS ARQUEOLÓXICOS

Cesión : Manuel Villaronga - Picar aspa para ampliar
 

OS BALLOTES (BAMIO) - VILAGARCÍA DE AROUSA 

La estación de grabados rupestres de Os Ballotes (Bamio, Vilagarcía de Arousa) es una de las históricas de nuestro Arte Rupestre. Desde comienzos del siglo XX fue repetidamente citada en las síntesis de numerosos autores, y sin embargo a pesar de tan importante difusión, ello no ha evitado el desconocimiento real de su valor en pro de la debida comprensión del mundo de los petroglifos gallegos. Observamos como generalmente en los trabajos teóricos sobre los cuadrúpedos se suele ignorar. En el presenta estudio vamos a realizar un análisis profundo del panel nº 1 de esta estación, que es precisamente el que muestra los célebres diseños de cérvidos, y aprovecharemos la ocasión para examinar las recientes ideas publicadas acerca de esta temática

ARTÍCULOS PROCEDENTES DE "TRISQUEL" DE JULIO FERNÁNDEZ PINTOS - ARCHIVOS DEL PATRIMONIO HISTÓRICO GALLEGO

 
Descripción morfológica
 
El panel nº 1 de Os Ballotes se localiza inmediata a la aldea de Outeiro en la parroquia de San Xes de Bamio (Vilagarcía de Arousa). La estación está integrada por varios paneles desperdigados por esta zona, si bien en esta ocasión nuestros esfuerzos se van a centrar en el panel nº 1. El lugar arqueológico que nos ocupa se emplaza en un terreno en plano inclinado sumamente pedregoso de la vertiente de una terraza . En líneas generales, el área ha sido condicionada para el aprovechamiento agrícola. Este sitio se encuentra muy próximo a la línea de la costa de la Ría de Arousa, no distando de ésta más de 500 m. en línea recta, y situándose a unos 90 m. de altitud. La roca que sirve de soporte al panel nº 1 es una piedra de granito de grano medio, de forma triangular, de 6 m. de longitud por 4,2 m. de anchura. Su superficie muestra amplias ondulaciones delimitadas por largas diaclasas y líneas de vetas de cuarzo. La superficie de esta roca presenta la misma inclinación del terreno, concretamente un 25 %, estando orientada hacia el SO, y no hacia el NO. como se afirma en alguna publicación. Los grabados que hemos podido identificar son 6 representaciones de cuadrúpedos, 4 círculos, una agrupación de coviñas y diversas formas irregulares. Las dimensiones de cada una de estas figuras se ofrecen en la tabla que acompaña a este texto. Antes de proseguir es necesario indicar que la calidad de la superficie de la roca no es todo lo uniforme que nos gustaría, por lo que diversos trazos muy tenues no hemos determinado si eran naturales, frut...Leer la continuación
Escrito por Julio Fernández P...  Agregar un comentario   0 comentarios
 
2.1. Los círculos
 

2.1. Los círculos

25/02/2014 09:00:12
Salta fácilmente a la vista que este panel es muy parco en representación de combinaciones circulares. Tan sólo hemos identificado 4 formas, y en general, muy básicas. Contrasta este hecho con la presencia de combinaciones circulares de gran valor existentes en otros paneles cercanos de la misma estación. Los círculos señalados con los números 7,8 y 9 son de formulación tan elemental que incluso nos...Leer la continuación
Escrito por Julio Fernández Pintos •  Agregar un comentario   0 comentarios
 
2.2. Las coviñas
 

Las coviñas

25/02/2014 09:11:40
A lo largo de la superficie de este panel constan grabados de coviñas dispersas, pero el mayor número de ellas y de más relevancia se concentran apretadamente en el sector N. Como ya se sabe por la descripción de la roca, este área se configura como una especie de abombamiento a partir del cual, hacia el S. y SO. la superficie se resuelve en plano inclinado. En consecuencia se aprecia que la concentración de las covi&nt...Leer la continuación
Escrito por Julio Fernández Pintos •  Agregar un comentario   0 comentarios
 
2.3. Los cuadrúpedos
 

Los Cuadrúpedos

25/02/2014 09:13:53
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La existencia de un cuadrúpedo confeccionado con instrumento metálico (el nº 2) es una seria advertencia para quien alagremente sin más argumntaciones que el simple examen visual, nos pretende innducir a creer que los paneles de petroglifos se planificaban previa y conjuntamente, de una vez para siempre. Del mismo modo que en una época no muy distante a nosotros alguien conocía la existencia de antiguos grabados de animal...Leer la continuación
Escrito por Julio Fernández Pintos •  Agregar un comentario   1 comentarios
O Petroglifo de Fonte Loureiro. Xiabre
O Petroglifo de Fonte Loureiro. Xiabre

No pico da Xaiba sitúase un castro aparentemente ben conservado. En diversos "chans" ou zonas chairas, como a denominada Rosa de Parroibas, localizáronse diversos túmulos funerarios de probable cronoloxía neolítica. Un de estos túmulos, o máis grande, sitúase nun espolón denominado Fonte Loureiro. Os veciños de Castroagudín relatan diversas lendas que unen o castro dá Xaiba co pobo a través dunha gabia (de onde viría o nome). Tamén sinalan a existencia dun túnel ou gabia desde Fonte Loureiro.

 
APUNTES ARQUEOLÓXICOS de F. Fernandez Gil y Casal. Descargable
 
EL CASTRVM LVPARIAE - Valentín Viqueira. Descargable
 
O MONTE LOBEIRA - HISTORIA
 

O MONTE LOBEIRA - HISTORIA

25/02/2014 10:57:13
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Parece tener antecedentes de que existió un antiguo castro en la zona, y se menciona en los textos de la Catedral de Santiago de Compostela como Castro lupus. Su nombre así lo indica, puesto que Lupara en Latín significa castillo o verdadera mansión. Antigüedad...Leer la continuación
Escrito por Fonte : Geocaching •  Agregar un comentario   0 comentarios
O Castro Alobre - Imaxes
 
O Castro Alobre

 

Aínda se mostra como un tesouro por descubrir para moitos. O primeiro dos seus achados data do ano 1905, cando se descobren máis de 30 sepulturas nunha necrópole por Juan Fernández-Gil Casal. Este gran número de enterramentos fai pensar que o lugar era unha evidente gran urbe comecial, aínda non atopada ata a data; da cal se ten maior constancia por unha ara romana, dedicada a Neptuno, que a fai vinculable a un transporte marítimo de gran importancia. Dita ara foi descuberta en 1940, coa inscrición ofrecida por Quintus Cilenus. Falase da estreita relación entre os castrexos e un mar cargado de alimentos, e vía de intercambios mercantís con portos distantes.

 
En Areoso (isla) existen al menos cinco enterramientos megalíticos
 
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Desde que en 1988 se realizara en Areoso una primera campaña de excavación es bien conocida la riqueza arqueológica de este pequeño territorio insular. Con los últimos descubrimientos, detectados por una brigada de la policía adscrita a la comunidad autónoma, suman cinco los enterramientos megalíticos de los que se tiene constancia en este enclave. Además, des...Leer la continuación
Escrito por La Voz de Galicia •  Agregar un comentario   0 comentarios
 
O Petroglifo dos Ballotes (Bamio)

As orixes de Vilagarcía remóntanse á segunda metade do século XV (1441), cando D. García de Caamaño dá unha franquícia aos "moradores et pobradores" do que define como "meu porto e lugar". Aquelas primeiras edificacións construíronse na zona denominada O Castro, parte inicial do que hoxe coñecemos como Vilagarcía de Arousa. Con todo, os asentamentos no municipio remóntanse moitos séculos atrás.
Boa mostra témola nos gravados rupestres . Os petróglifos de os Ballotes , na parroquia de Bamio, están considerados os vestixios máis importantes (segundo milenio a. de C.) atopados na nosa zona. As figuras representadas neste achádego, inclúen tres cervos en movemento; outros que portan na sua parte de atrás un círculo, que se pode interpretar como unha alegoría ao círculo solar; e outra escena na que se representa un animal que leva no seu grupa a un antropomorfo.

 

Os Ballotes (Bamio)
 
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 El círculo lítico de Monte Lobeira (Vilanova de Arousa, Pontevedra) trabajos de 2008 y 2010

Entre 2008 y 2010, en el marco de los estudios sobre Arqueología del Paisaje y Paisajes Culturales del Íncipit, se desarrollaron una serie de pequeñas actuaciones en el conjunto del círculo lítico y túmulos de Monte Lobeira (Vilanova de Arousa, Pontevedra). La comprensión de este tipo de conjuntos -tanto de los círculos propiamente dichos como de su relación estructuras tumulares- necesita de un impulso que debe ser aboradado de forma integradora e interdisciplinar. El objetivo principal de las atuaciones era lograr el máximo de información sobre el círculo y su contexto minimizando al máximo el grado de intervención. Se obtuvo una restitución tridimensional del círculo por escáner láser 3D, se realizó una prospección geofísica del subsuelo y se realizó un sondeo arqueológico de 8x1m. La presente monografía da cuenta de estos trabajos y de sus resultados.

 
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El círculo lítico de Monte Lobeira - Trabajos 2008-2010 - Vista previa - Descargable
 
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PARQUE NACIONAL  MARÍTIMO-TERRESTRE DAS ILLAS ATLÁNTICAS 

PATRIMONIO ARQUEOLÓXICO - PATRIMONIO ARQUITECTÓNICO

CÍES - ONS - SÁLVORA E CORTEGADA (páxina 18)

 
PATRIMONIO ARQUEOLÓXICO E ARQUITECTÓNICO (pdf) - CÍES - ONS - SÁLVORA E CORTEGADA (páxina 18)
 
 

www.patrimoniovilagarcia.com

 
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Excepcional exposición sobre nuestro Patrimonio de los ponentes Beatriz Comendador y Félix Gónzalez Insua. Un recorrido interesantísimo donde no faltó un llamamiento a las instituciones para que se comprometan y se conciencien del peligro al que están expuestos muchos elementos de nuestra valiosa riqueza arqueológica así como de nuestro patrimonio mas reciente.

Nuestro mas sincero agradecimiento a los dos y a todos los asistentes. Muchisimas gracias.

Vilagarcía 22 de Febrero 2014

 
NOVAS DE INTERÉS

Los expertos reclaman la puesta en valor de la ´riqueza´ arqueológica vilagarciana

FARO DE VIGO

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Area Longa, origen.
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Los restos de petroglifos testimonian la riqueza y atractivo de nuestra tierra 


El valle del Salnés y la ría de Arousa, son las realidades geográficas de las que no se puede separar la historia de Vilagarcía de Arousa.
Estos petroglifos de la ría de Arousa se inscriben en el amplio Grupo galaico de arte rupestre al aire libre datados entre final del tercer milenio y mediados del segundo milenio antes de cristo. Como los de Pedra dos Ballotes que representan a ciervos de gran tamaño y diseño esquemático. Tres grandes figuras en una pared inclinada al noroeste caminan hacia el sur. De estos restos nos vamos hasta el primer documento sobre Vilagarcía del año 912 cuando el obispo Sisnando la cede a al poderoso San Martín Pinario. Durante estos siglos como en el Monte Lobeira, se erigieron muchas fortalezas. Este dominio duró hasta 1461, cuando el obispo de Compostela, García Caamaño, le otorgó la carta puebla para la fundación de un burgo marinero. Por tanto el origen de la actual Vilagarcía es un barrio de pescadores. En Vilagarcía podemos recorrer estos tres milenios de historia en tan sólo unos metros, de los restos del castro de Alobre a la iglesia de Santa Eulalia de Arealonga. El castro está en pleno casco urbano y está siendo excavado en la actualidad aunque la meteorología ha dificultado los trabajos. También en pleno casco urbano se musitan rezos bajo la cúpula neoclásica de santa Eulalia de Arealonga. En la fachada convive un recordatorio a Juan Antonio Primo de Rivera con una austera fachada con escasos detalles barrocos. Y de nuevo damos otro pasito más en la historia, y sin salirnos del centro nos encontramos con un Monumento Histórico artístico. El Pazo de Vista Alegre, construído en el siglo XVI. Su fachada es de sillería. Y comunica con un pasadizo con el Convento de las Agustinas del siglo XVII. Pero la magnificencia monumental no se queda aquí porque incluso formando parte del mismo conjunto hay una iglesia, la de San Cristóbal. Los pazos quedan en pie para recordarnos el poder rural de hace unos siglos, o el ejercido por figuras como Fernando de Andrade y Sotomayor. En la actualidad estas construcciones han perdido su arrogancia militar pero han ganado en sosiego existencial. Por cierto que el ayuntamiento es bien consciente del capital monumental que posee, y organiza interesantes visitas guiadas para conocerlos. El actual pazo de Rubiáns es del siglo XVIII, aunque sobre una torre tres siglos anterior. Está acorde con sus insignes habitantes de antaño, literalmente los fundadores de Vilagarcía, los García Caamaño. Aunque la construcción es espectacular destaca su jardín. Igual que en el Pazo de Golpelleira que combina trazas geométricas francesas con llamativos rincones románticos. Son 11 hectáreas de terreno todas en manos privadas muy cerca del centro de Vilagarcía. No queda casi ningún vestigio de la primitiva fortaleza, pero si multitud de detalles que nos hablan de un pasado glorioso. Aquí nació el que llegó ser ministro de Hacienda de Fernando VII, Luis López Ballesteros. También tiene un gran presente pues en verano, aprovechando la estancia de más de 10 personas, el jardín y demás dependencias se acondicionan al máximo. La capilla es la gran delatora del esplendor pasado. Descubrimos que tenía una bula propia redactada por el entonces Papa Pío VI. Y los dibujos del altar los pintó Paz, discípulo de Murillo con retoques del maestro, también en el altar está la virgen mejicana de Guadalupe. Excepto cuando se realiza la procesión guardan aquí la figura de San Miguel. Los momentos de mayor esplendor y crecimiento de Vilagarcía coinciden con la reforma o reconstrucción de algunos de estos pazos, hasta el siglo XIX. Fue en estos siglos cuando su puerto se convirtió en imprescindible.

 
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                       O CASTRO ALOBRE
 

F. Fernández Gil y Casal

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ACTUACIÓN SOBRE O CASTRO ALOBRE - PROXECTO

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FOTOS AREOSO : MARTINA MISER

 

Diego Gelmírez obispo, y luego primer arzobispo de Compostela, convirtió la catedral de Santiago de Compostela en un referente único del arte románico europeo, elevando la peregrinación compostelana a la altura de Jerusalén y Roma.

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Vilagarcía, Patrimonio e historia