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"Unha ventá para o recordo"
A Vilagarcía antiga
 
Hoxe abrimos un novo apartado na nosa páxina co título "HISTORIAS DA NOSA COMARCA". Tanto o noso pobo coma os pobos limítrofes temos un importante denominador común: a interrelación cultural e histórica. É polo tanto que non se concibe o estudo do noso pasado sen ter en conta a importancia e influencia dos pobos veciños 
 
O naufraxio do Vapor "Santa Isabel" no ano 1921. Por Carlos Mey (Argentina)
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El vapor "Santa Isabel", propiedad de la Compañía Trasatlántica Española, fue construido en acero con la técnica de remaches en la Sociedad Española de Construcción Naval, en Matagorda (Cádiz), en 1.915, siendo dotado de las técnicas más modernas de la época. Desplazaba 2.492 toneladas, con una eslora y manga máximas de 88'85 mts. y 12'19 mts. respectivamente.
Era impulsado por dos hélices de cuatro palas accionadas a vapor con una potencia de 1.350 CV., pudiendo alcanzar los 12'5 nudos, siendo su velocidad de crucero habitual de 9 nudos. También estaba dotado de velas, para aprovechar los vientos y ahorrar carbón en sus travesías. El Santa Isabel pertenecía al tipo de barcos llamados popularmente "correos", los cuales se dedicaban a transporte de carga general y pasajeros; fue construido para cubrir la línea marítima Bilbao-Cádiz-Canarias-Fernando Poo, para ello en su construcción se había tenido muy en cuenta la seguridad del pasaje y de la tripulación (cerca de 500 personas en total) siendo habilitado con ocho botes salvavidas con una capacidad total de 390 personas y más de 400 salvavidas.
El 20 de Diciembre de 1920, el "Santa Isabel" inicia en Cádiz el que sería su último viaje. Su destino el puerto de Pasajes, para dejar carga y pasaje, y a la vuelta recorrer diversos puertos del norte de España (Pasajes, Bilbao, Santander, A Coruña, Villagarcía de Arosa, Vigo) con el fin de recoger emigrantes con destino al puerto de Cádiz, donde embarcaban en barcos de mayor porte y más veloces (denominados popularmente "Trasatlánticos") que cruzaban el Atlántico con destino a diversos puertos de América. El 1 de Enero de 1.921, después de recalar en los puertos de Pasaj...Leer la continuación
Escrito por Carlos Mey •   Agregar un comentario   0 comentarios
 
Hoxe Cristina Martín envíanos un interesante artigo sobre o selo de Rosalía de Castro e unha parte da súa historia, relacionada con Carril. 
Cristina Martín (Madrid) é licenciada en Filosofía e Letras na especialidade de Prehistoria e Arqueoloxía. É unha apaixonada da historia, da arte, da fotografía e sobre todo da filatelia colaborando para varios blog, webs e asociacións filatélicas (AFINET, Club Cece e SOFIMA) e escribindo varios artigos de filatelia, ademais de ser experta en redes sociais e bloguiera de SOFIMA. Foi directora da publicación do Blog de SOFIMA, denominada Articularía de SOFIMA Online e coordinadora de contido dos dous primeiros volumes de SOFIMA Info.Colaborou para a Revista Dixital 6 cuartos de AFINET impartindo varias conferencias e faladoiros filatélicos, organizados por SOFIMA (Sociedade Filatélica de Madrid). Publicou tamén o libro-Álbum o Camiño ás Estrelas, da Biblioteca o Bibliófilo Filatélico Edición Peregrinatio, un percorrido histórico filatélico polo Camiño Francés de Santiago. Ademais de colaborar para o Blog a Gateira da Vila, unha Revista Dixital que fala sobre Madrid en varias vertentes, históricas, artísticas, etc. Na actualidade é blogueira do Salón de Cris, un Blog onde fala de filatelia, historia, arte, en xeral de todo o relacionado co mundo da cultura e ao que podedes acceder no enlace.
 
O selo de Rosalía de Castro. Por Cristina Martín San Roque

O selo de Rosalía de Castro

22/07/2013 09:16:09
El 8 de abril de 1968 se emitía la 5ª serie española dedicada a Personajes Españoles. Dentado 12 ½ por 12 ¾. Impresión calcografía. Tirada 10.000.000 ejemplares.
En esta ocasión la serie estaba compuesta por 4 sellos:
Sello de 1.20 pesetas que reproduce a Beatriz Galindo
Sello de 1.50 pesetas que reproduce a Agustina de Aragón.
Sello de 3.50 pesetas que reproduce a María Pacheco
Sello de 6 pesetas que reproduce a Rosalía de Castro
Hoy hablaremos del sello de 6 pesetas que representa a Rosalía de Castro que junto con Gustavo Adolfo Bécquer es precursora de la poesía moderna española y una de las máximas representantes de la literatura gallega contemporánea ¿Pero quien fue Rosalía de Castro?
Nació el 24 de febrero de 1837 en Santiago de Compostela, fue hija natural del sacerdote José Martínez Viojo y María Teresa de la Cruz Castro y Abadía, y recibió el nombre de María Rosalía Rita figurando en el registro como hija de padres desconocidos y su madrina María Francisca Martínez cuido de ella, para evitar que entrará en un orfanato.
Hasta los 8 años vivió con su tía paterna Teresa Martínez Viojo en la aldea de Castro de Ortoño, en el municipio de Ames en la Coruña. Su estancia en esta aldea influyó en su obra denominada “Cantares Gallegos”.
Su madre en torno al año 1850 decide cuidar de ella y se traslada a Santiago de Compostela donde recibió la educación que en aquella época se consideraba digna para las señoritas, es decir nociones básicas de dibujo y música, aunque asistía con frecuencia a las distintas actividades organizadas por el Liceo de la Juventud con personajes influyentes del mundo intelectual gallego como Manuel Murguía, Eduardo Pondal y Aurelio Aguirre, incluso hay autores que defienden que Rosalía mantuvo una relación sentimental con Aurelio.
En abril de 1856 por causas que se desconocen se traslada a vivir a Madrid con la familia de María Josefa Carmen García-Lugín y Castro, viviendo en el número 13 de la Calle de la Ballesta.
Algunos autores consideran que es en Madrid y no en el Liceo donde conoce a Murguía, con quien se casa el 10/10/1858 en la Iglesia de san Ildefonso. Su marido la anima a escribir y es el responsable de que le publicaran “Cantares Gallegos”.
En 1859 en Santiago de Compostela nace su primera hija Alejandra, luego nacería Aura (1862), los gemelos Gala y Ovidio (1871), amara (1873), Adriano Honorato (1875) y Valentina (1877 aunque nació muerta).
El matrimonio tuvo que mudarse en varias ocasiones, lo que unido a la separación de la pareja por las actividades profesionales del marido y a los problemas económicos motivados por la inestabilidad laboral de Murguía y por la precaria salud de Rosalía, origina el pesimismo de Rosalía.
En Septiembre de 1868 se origina el movimiento revolucionario conocido como la Gloriosa, y su marido pasa de secretario de la Junta de Santiago a director del Archivo de Simancas, cargo que ostento durante 2 años. La vida de Rosalía transcurre entre Madrid y Simancas, escribiendo en Simancas un gran número de composiciones recogidas en Follas Novas. Y en esta etapa es cuando conoce a Gustavo Adolfo Bécquer.
Los años finales de Rosalía transcurren en Padrón. Rosalía siempre había tenido una salud precaria. Antes de morir decide trasladarse a Santiago de Carril para pasar una temporada cerca del mar, después regreso a su casa donde el cáncer de útero fue complicándose falleciendo el 15 de julio de 1885
Escrito por Cristina Martín S...  Agregar un comentario   2 comentarios


Muchas gracias
Cristina Martín San Roque Escrito el 22/07/2013 18:42:12
Buena forma de conectar con la filatelia
Jose luis Escrito el 22/07/2013 17:59:22



La Camioneta de mi padre
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La Camioneta de mi padre

02/07/2013 19:03:51
Aunque parezca mentira, las camionetas también hablan. Sobre todo si tienen buenos sentimientos. La famosa camioneta de mi padre los tenía. Por eso cuando ya estaba aparcada al lado de la “casa de enfrente” esperando al chatarrero, me dijo: Hemos recorrido juntos muchos caminos. Perdona que me ponga sentimental, pero creo que se puede disculpar fácilmente a una camioneta vieja, aparcada y en proceso de descomposición. He servido bien a tu padre. Mejor dicho, a toda la familia. Apenas he tenido averías importantes. Sí, ya sé que me puedes decir: ¿Y aquella noche en que traías a mis padres desde Villagarcía y los dejaste tirados en la cuesta del Rial. Es verdad. Pero fue la única vez. Y bien sabe Dios la mucha pena que me dio. Tuve que quedarme allí, al lado de la carretera, bajo la lluvia, mientras tus padres se alejaban sin paraguas, y tu padre miraba hacia tras de una vez en cuando como si esperase que me pusiese a andar de repente. Lo que me falló fue la dirección, así como lo oyes. ¡Vaya susto que se llevó tu padre! De repente sintió que no le respondían las ruedas. Frenó a pocos centímetros de un pino piñonero. Después me empujó un poco para dejarme totalmente fuera de la calzada, y no necesitó ni levantar el capó, porque la avería estaba bien clara. Pero olvidemos ese lamentable incidente. Recuerda que, cuando tu padre me compró, ya llevaba sobre mis ballestas miles de kilómetros y miles de kilos de las más diversas cargas. Ya era una camioneta vieja. Por eso tuvo que pagar poco. No recuerdo bien, pero me parec...Leer la continuación
Escrito por Anxel Vilamaior •   Agregar un comentario   1 comentarios
 
El desván - Por Anxel Vilamaior
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Una puerta cerrada con llave que impedía acceder al desván de la casa de los abuelos. La habían puesto porque se consideraba que el desván era un sitio peligroso para los niños. La primera vez que subí fue con la abuela Lola. Durante la noche había llovió a mares y el rio se había desbordado. -Vamos –me dijo mientras cogía la llave en un armario de la cocina-, desde el ventanuco del desván se ve muy bien la inundación. Por primera vez vi abrirse aquella puerta y puse los pies en el último tramo de las escaleras de la casa. Al final del tramo, otra puerta. Pero no hacía falta llave para abrirla. La abuela la empujó y se abrió rozando el suelo. -Ahora ten cuidado. Algunas tablas del piso están mal. Así que mira bien dónde pones los pies. -No se ve nada. -Enseguida se te acostumbrará la vista. Tú sígueme. Vamos hacia el ventanuco. ¡Cuántas cosas había allí! Aquello era como una cueva llena de tesoros que me está diciendo: ven a buscarnos, te esperamos, llevamos aquí mucho tiempo sin hacer nada. Tropecé -Ten cuidado. ¿Te has hecho daño? -No, abuela. -Mira, mira que mar. Asomé la cabeza y… el rio había desaparecido y en su lugar había un lago que inundaba todos los campos, las fincas de la Hermida, las fincas de Tarrio; el agua llegaba casi hasta nuestra huerta. Era como un gran espejo silencioso. En algunos puntos asomaba del agua alguna parra más alta que las otras, o un arbu...Leer la continuación
Escrito por Anxel Vilamaior •   Agregar un comentario   0 comentarios
 
A anexión dos concellos de Carril. Vilaxoán e Vilagarcía
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La organización territorial es como la materia: ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. Y eso es lo que ocurrió, ocurre y seguirá ocurriendo. Los ayuntamientos, tal y como hoy los conocemos, tienen su origen en la Constitución de 1812, de la cual este año cumplimos 200 años. Es decir, en términos históricos, tal organización es de antes de ayer. Antes de "La Pepa" la forma de organizarse territorial y administrativamente (porque de alguna forma había y hay que organizarse) correspondía a un complejo sistema heredado del Antiguo Régimen, en el que predominaban jurisdicciones y cotos, en los que se mezclaban dominios de realengo, monásticos, señoriales y hasta de los propios vecinos. Sólo en Galicia había 509 jurisdicciones, 155 cotos, 7 ciudades, 95 villas y casi 3.800 parroquias. Y esta forma de hacer y pensar las cosas explica que, por ejemplo, hace doscientos años, Fontecarmoa pertenecía a Caldas y Bamio a Vilanova, algo impensable hoy en día. Cuando los autores de La Pepa se reunieron en la isla de León, en Cádiz, uno de sus principales preocupaciones fue, precisamente, poner orden en semejante caos territorial. Nacieron así los denominados "ayuntamientos constitucionales". El actual término de Vilagarcía de Arousa se "constituyó" en cuatro concellos: Vilagarcía, Carril, Sobrán y Rubiáns. De estos, por cierto, Rubiáns era el más grande y el más importante. Son las cosas que tienen una economía basada en lo rural. Y un ejemplo de que nada, y menos en términos municipales, es inmutable. Aquellos primeros ayuntamientos tuvieron corta vida. Los vaivenes absolutistas de Fernando VII tuvieron mucho, o todo, que ver. Así que en 1814 volvimos al Antiguo Régimen, para regresar a la constitución entre 1820 y 1823, años...Leer la continuación
Escrito por Manuel Villaronga •   Agregar un comentario   0 comentarios
 
El Palacio del Marqués de Vista Real. Por Tomás Ángel Trigo
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Un domingo por la tarde, Lito y yo fuimos a dar un paseo por la carretera de Ousensa. Casi sin darnos cuenta, llegamos ante los muros del Pazo del Marqués de Vista Real. Nuestra primera impresión al encontrarnos con lo que a nosotros nos parecían al murallas fue de asombro. -Medirán cinco metros de alto, por lo menos. -Pero se puede escalar – dijo Lito -Sí, pero al llegar arriba nos cortaríamos con los cristales. Los cristales de botella estaban allí, en lo alto, como dientes de una culebra, riéndose de nosotros. Decidimos sentarnos apoyando la espalda en el muro y crear con nuestra imaginación lo que no podíamos ver con nuestros ojos. -Seguro que hay unos perros enormes, mastines, que como te vean te pueden matar. -La casa es como un palacio con muchas ventanas. -Y alrededor tiene muchas flores de todos los colores y árboles muy raros. -El marqués debe ser un hombre malísimo y si nos ve puede llamar a la guardia civil. -Tiene un coche negro y viene de Madrid a pasar aquí el verano. -Es un coche como el del sacauntos. -¿Quién es el sacauntos? -Un hombre que va en un coche negro y que si te coge te abre y te quita el unto. -¿Tú lo viste alguna vez? -Sí, un día que iba por el camino de Currás, pero escapé por las fincas. -¿Y tú crees que el marqués también te sa...Leer la continuación
Escrito por Tomás Ángel Trigo •   Agregar un comentario   0 comentarios
 
 
HISTORIAS DA NOSA COMARCA
 
Pazo de Vista Real
Vilanova de Arousa
Vign_38183-620-282
 
LA MUERTE DE JOAQUÍN
Por Anxel Vilamaior

Tenía solo cinco años. Era una tarde de verano. De vez en cuando, pasaba un coche a toda velocidad, hacia las playas.  Y Después  todo quedaba en silencio. Hacía calor. Yo estaba sentado al lado de la puerta de la tienda. Leía un libro de Steinbeck, Las uvas de la ira. 
Joaquín estaba sentado en un escalón de la puerta de la casa. Al otro lado de la carretera. De vez en cuando, levantaba la vista del libro y me fijaba en el.  Jugaba con un palo. Hacía dibujos en la tierra. Cuando pasaba un coche a toda velocidad, hacia las playas, se rompía el silencio de la tarde. Aquel ruido resultaba molesto, pero al fin  se alejaba y volvía el silencio. Un carro de bueyes, como salido de otros tiempos, se acercaba lentamente por la carretera. Lo conducía un anciano. El monótono grito de los ejes era un lamento. Ahora lo pienso. ¿Sería aquel lamento lo que me hizo presentir la desgracia? Me puse tenso. Levanté la vista del libro. Joaquín seguía haciendo dibujos con aquel palo en la tierra, haciendo dibujos, como si no tuviera más que hacer en toda su vida. Un coche negro venía a toda velocidad, hacia las playas. El ruido del coche se sobrepuso déspota extranjero al lamento del carro. ¿Intenté  gritarle a Joaquín que se metiera dentro de su casa? El anciano no pudo oír el ruido del coche. No pudo, porque si  pudiera no torcería los bueyes hacia el centro de la carretera para tomar el camino de Ousensa. Pero lo hizo como si solo él estuviese en el mundo viajando con su carro de bueyes. El coche negro  pudo haber seguido en línea recta y destrozar las cabezas de los bueyes. ¿Qué importan dos bueyes? ¿Qué importan dos viejos bueyes y gordos, que apenas pueden tirar de un carro? Si hubiera seguido en línea recta, aquella tarde hubieran muerto dos bueyes que no servían para nada. Y si no hubieran muerto del todo, vendría Ricardo el carnicero con su escopeta y los hubiera rematado a gusto para que no sufrieran. 
Joaquín no tuvo tiempo de darse cuenta. ¿Intenté gritarle que se metiera en su casa? Tal vez, pero no recuerdo haberlo hecho. Joaquín estaba enfrascado en los dibujos que hacía en la tierra con su palo. No vio el carro ni el coche. Ni siquiera levantó la vista cuando las ruedas del coche chirriaron en el asfalto. Tal vez se dio  cuenta de todo en el último instante, cuando el coche negro volaba directamente, imparable y mortal hacia su frente.  No pude mirar. No pude mirar. Me metí dentro de la tienda gritando como si me hubiesen clavado un puñal. Después, no sé cuándo después, todo fue jaleo de gente, de gritos, de coches que se paraban, de gritos desgarrados de la madre de Joaquín, que estaba embarazada, que quería  resucitar a su hijos y se desmayó a su lado. Recuerdo, como entre sueños, que mi padre la levantó y la llevó al coche que tenía aparcado detrás de la casa. Arrancó a toda velocidad y desapareció camino de Villagarcía. No recuerdo más. No puedo recordar más porque no pude seguir mirando. Me refugié en el patio. Quería estar solo.  Una hora después me llamó mi madre para que fuese a la tienda. Vi a dos jóvenes abrazados, ella lloraba. Él tenía una herida en la frente y mi madre trataba de echarle agua oxigenada.
-Merci, merci.
-Son los que venían en el coche –me explicó mi madre-. Son franceses. Diles algo, nadie les entiende.
¿Y qué les digo? No soy capaz de decir nada a nadie. Joaquín estaba jugando con un palo, haciendo dibujos en la tierra. ¿Les digo eso?
-Hay que llamar a la guardia civil –le dije a mi madre.
-Díselo. Dile que hay que llamar a la guardia civil.
-Nous allons appeler a la guarde civil.
Esto no es francés ni es nada. 
-Oui, oui –respondieron-. Merci.
No fue necesario. La guardia civil apareció en aquel momento. Alguien les había avisado ya.
Volví a refugiarme en el patio. Ya estaba allí la guardia civil. Si no saben francés, allá ellos. Que se aclaren como puedan. Yo tampoco sé francés ni se nada. Solo sé que Joaquín estaba haciendo dibujos con un palo en la tierra y ahora está muerto.
Aquel día murió Joaquín y nació su hermano Joaquín Enrique.
Han pasado muchos años. Ya nadie se acuerda del carro de bueyes y del coche negro que venía a toda velocidad, hacia las playas. Los dibujos que Joaquín estaba haciendo en la tierra con su palo han sido borrados mil veces por la lluvia del invierno. ¿Qué será de los franceses? Me los imagino en Paris, tratando de olvidar también el carro de bueyes y el niño que estaba sentado en el escalón de la puerta de su casa.
Dios, en su eterna e incomprensible Sabiduría, permitió que aquella desgracia hiriese profundamente el corazón de una madre y de un padre.
Ha pasado mucho tiempo. Ayer, aquellos corazones –los he visto- estaban rebosantes de felicidad, mientras contemplaban a su hijo Joaquín Enrique, vestido con casulla blanca, celebrando su primera Misa solemne en el altar mayor de Caleiro.
Ánxel Vilamaior

Vilagarcía, Patrimonio e historia