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"Unha ventá para o recordo"
A Vilagarcía antiga
 
Hoxe abro un novo apartado na páxina co título "HISTORIAS DA NOSA COMARCA". Tanto o noso pobo coma os pobos limítrofes temos un importante denominador común: a interrelación cultural e histórica. É polo tanto que non se concibe o estudo do noso pasado sen ter en conta a importancia e influencia dos pobos veciños 
 
Cando Vilanova, Baión a Illa de Arousa e András pertencían a Vilagarcía
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La pretendida unión de Vilanova y Vilagarcía data ya de muchos años, aproximadamente, 50, pero la idea de anexionarse alguna de sus parroquias tiene más de 100 años. Así, en el año 1864, los vecinos de la parroquia de Baión, elevaron una petición al gobernador de Pontevedra para que su territorio fuera unido al municipio de Vilagarcía, cosa que agrado a este ayuntamiento y que hizo que su alcalde dijera: «Vilagarcía es un pueblo mercantil, circunstancia de que carece Vilanova, por cuya razón acuden diariamente los vecinos de aquella parroquia a nuestro mercado, a efectuar sus operaciones de compraventa de cereales, frutos y demás productos de granja». La operación no tuvo éxito, y por ello, en el año 1907, de nuevo los vecinos solicitaron separarse de Vilanova, aduciendo que «ya que se trata de la próxima anexión de Carril y Vilaxoán, bien puede acordarse la de Baión, para formar todos aquellos la gran ciudad de Arousa». Con la llegada de la República hubo más intentos segregacionistas, pero esta vez ampliados a otras parroquias y con el aval del alcalde de Vianova. Aurelio Mouriño Vidal, que se inclinaba por una unión con Vilagarcía lo más completa posible. Por ello, el 10 de febrero de 1935, hubo en el Ayuntamiento de Vilanova una reunión, a la cual asistían las personas más representativas del municipio, con el objeto de tratar la probable supresión del ayuntamiento de Vilanova como municipio y su total integración en el de Vilagarcía, y ello se basaba en las peticiones que en dicho sentido se ha...Leer la continuación
Escrito por Víctor Viana •   Agregar un comentario   0 comentarios
 
Episodios históricos acaecidos no antigo Castelo do Monte Lobeira
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Acaso ningún lugar en la Provincia de Pontevedra y pocos en Galicia han sido solar de tantos y tan importantes acontecimientos históricos como el Monte de Lobeira, enclavado en su mayor parte en el término municipal de Villagarcía. Al margen de la red de leyendas tejidas en torno a esta sede, fidedignos documentos históricos ilustran los episodios desarrollados en torno a este monte, con categoría de reliquia en las piedras qua fueron un día cimiento del castillo y almena de la torre del homenaje. Aquí sufrió prisión el Arzobispo Gelmírez y no hay hecho histórico durante el turbulento siglo XII, que no haya desarrollado en el ambiente del Monte de Lobeira algunas de sus facetas. Tan someramente reseñados estos hechos, pudiera inclinar a tomarlos como alga fugaz o pasajero, pero no, ha sido este monte durante siete años consecutivos escenario de guerra y de política. Aquí se trenzaron conjuras y se sellaron pactos y de este momento vivo de la historia apenas si la irreverencia y el abandono han dejado huellas que recuerden hacia el futuro todo cuanto significó en el pasado, pero aún perdura la cimentación del recinto amurallado, la esquina de la Torre del homenaje y los venerables sillares, en fin que arbolaron grandezas, forjaron historias. Con estos materiales puede hacerse de Lobeira un centro de atracción no igualado por su belleza, por lo que se ve desde él y por su historia, que no siendo un hecho aislado, tenemos que arrancarla a través de ochocientos años desde el castillo de Castro de Mi&nti...Leer la continuación
Escrito por Valentín Viqueira...  Agregar un comentario   0 comentarios
 
Cuando el General Charles de Gaulle visitó las tierras arousanas
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El el año 1970 el General De Gaulle y su esposa visitaban las tierras arousanas en un viaje de placer. Se hospedaron en el parador de Cambados, inaugurado pocos años antes. Desde allí recorrieron varios pueblos de nuestra Comarca. Así se relataba la notIcia en la revista Ría de Arosa de ese mismo año. "Las tierras de la comarca arosana han sido escenario de tres días de descanso para el ex-presidente de la República francesa, general Charles De Gaulle, en esas sus vacaciones por España, que han servido para cumplir un viejo deseo del célebre e ilustre soldado francés. En el Parador Nacional de Turismo de Cambados estuvo el general De Gaulle desde el dia 5 de junio, a donde llegó procedente de Santiago de Compostela, lugar en el que De Gaulle y su esposa dieron el tradicional abrazo al Apóstol. Hasta Cambados llegaron más de un centenar de periodistas franceses y españoles. Día a dia, los enviados especiales de los medios informativos de ambos países dieron cumplida cuenta de la estancia del que fue primer mandatario del país vecino. De Gaulle, al que acompañaba su esposa y su ayudante de servicio, fue objeto de multitud de atenciones por parte de los arosanos, que siguieron su corto peregrinaje por nuestras tierras, mostrándole su admiración y agradecimiento por esta visita, que a todos nos honra. En la larga, azarosa e importante biografía de tan célebre personaje no podrán olvidarse estos días de estancia en tierras arosanas. De Gaulle aprovechó algunas horas de esas sus jornadas de descanso, para repasar sus esperadas memo...Leer la continuación
Escrito por Ría de Arosa •   Agregar un comentario   0 comentarios
 
Las Invasiones Vikingas en la Ría de Arousa
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La primera invasión vikinga que se conoce fue en el año 85. Desembarcaron por la parte norte de la ría unas 100 embarcaciones llamadas "drakers", las cuales llegaban a alcanzar una velocidad con el viento norte de diez nudos. Esas tropas vikingas llegaron hasta lria Flavia que todavía era sede arzobispal del obispo y sus sacerdotes, canónicos, etc. Al tener noticias de la invasión vikinga llegaron hasta Santiago de Compostela, por tener esta ciudad murallas y pidieron un tributo para que no fuese asaltada, pero pese a habérselo dado, asaltaron la ciudad. Cuando ésta era un caos, llegó el conde Pedro con su tropa recuperando la situación, causando tantos daños a los vikingos que de 100 embarcaciones que traían quedaron 60.
En el año 960 zarparon de Normandía los vikingos, después de asaltar, asesinar, incendiar y robar cuanto se les ponía a mano. Al entrar en la Ría de
Arousa desembarcaron en la Bacariza, llegando posteriormente hasta lria Flavia. Acababa de instalarse en la sede episcopal de Santiago el obispo Sinaldo, que con sus fuerzas hizo frente a los vikingos en lria Flavia.
En un principio los vikingos retrocedieron, pero una flecha acabó con la vida del arzobispo. Esta muerte causó la desgobernación de las tropas del arzobispo, mientras los vikingos se reagrupaban y se organizaban mejor. Esto ocurría a las orillas del río Louro (a 25 Km de Santiago de Compostela), se extendieron por diversos lugares matando, asesinando, degollando e incendiando, imponiendo el pánico, llegando hasta el convento de San Xoán de Cobas, en la ribera del Ulla, el cual fue asaltado y destruido. También arrasaron la iglesia de Santa Eu...Leer la continuación
Escrito por Carlos Comendador •   Agregar un comentario   1 comentarios
 
O naufraxio do Vapor "Santa Isabel" no ano 1921. Por Carlos Mey (Argentina)

O naufraxio do Vapor "Santa Isabel" no ano 1921

27/10/2013 23:15:38
El vapor "Santa Isabel", propiedad de la Compañía Trasatlántica Española, fue construido en acero con la técnica de remaches en la Sociedad Española de Construcción Naval, en Matagorda (Cádiz), en 1.915, siendo dotado de las técnicas más modernas de la época. Desplazaba 2.492 toneladas, con una eslora y manga máximas de 88'85 mts. y 12'19 mts. respectivamente.
Era impulsado por dos hélices de cuatro palas accionadas a vapor con una potencia de 1.350 CV., pudiendo alcanzar los 12'5 nudos, siendo su velocidad de crucero habitual de 9 nudos. También estaba dotado de velas, para aprovechar los vientos y ahorrar carbón en sus travesías.  El Santa Isabel pertenecía al tipo de barcos llamados popularmente "correos", los cuales se dedicaban a transporte de carga general y pasajeros; fue construido para cubrir la línea marítima Bilbao-Cádiz-Canarias-Fernando Poo, para ello en su construcción se había tenido muy en cuenta la seguridad del pasaje y de la tripulación (cerca de 500 personas en total) siendo habilitado con ocho botes salvavidas con una capacidad total de 390 personas y más de 400 salvavidas.
 
El 20 de Diciembre de 1920, el "Santa Isabel" inicia en Cádiz el que sería su último viaje. Su destino el puerto de Pasajes, para dejar carga y pasaje, y a la vuelta recorrer diversos puertos del norte de España (Pasajes, Bilbao, Santander, A Coruña, Villagarcía de Arosa, Vigo) con el fin de recoger emigrantes con destino al puerto de Cádiz, donde embarcaban en barcos de mayor porte y más veloces (denominados popularmente "Trasatlánticos") que cruzaban el Atlántico con destino a diversos puertos de América.
El 1 de Enero de 1.921, después de recalar en los puertos de Pasaje, Bilbao y Santander, atracaba a primeras horas, recién estrenado el año, en el puerto de A Coruña, donde el capitán Dn. Esteban García Muñiz inscribió en el padrón municipal a pasaje y tripulación, tal como lo disponía el Instituto Geográfico y Catastral.
A la una de la tarde de ese mismo día, dado que todos los pasajeros estaban a bordo, el capitán decide adelantar la salida (tenía previsto zarpar a las cuatro de la tarde), su destino el puerto de Villagarcía. En el momento de la salida del puerto, el "Santa Isabel", llevaba a bordo 84 tripulantes y 187 pasajeros, así como diversa carga general. Las previsiones metereológicas eran de mar picado con cielos cubiertos, con posibilidad de lluvias, y un aumento progresivo de la fuerza del viento.
Sobre las diez de la noche, estando el buque a la altura de Finisterre, comenzó a desatarse un fuerte temporal del sudoeste, con fuertes lluvias que dificultaban la navegación del barco, lo que obligó al pasaje a retirarse a sus literas, mientras que el capitán ordenaba reducir la velocidad del buque y correr las cortinas de la banda de estribor para que la luz del interior del buque no impidiera ver el mar, y decidió permanecer en el puente y postergar la cena hasta llegar al puerto de Villagarcía, para dirigir personalmente la navegación.
Sobre la doce y media de la noche, después de haber tomado referencia de los faros de Corrubedo y del la isla de Ons, para determinar su situación, comenzó a caer una lluvia tan intensa que impedía la visibilidad de ambos faros, por lo que el Capitán decide reducir todavía más la velocidad.
Navegaba el "Santa Isabel" casi a la deriva, tomando como referencia el faro de Ons, cuando el Capitán se da cuenta de que en la proa del buque, entre las rompientes, aparece una roca, aunque ordenó inmediatamente dar marcha atrás a toda máquina, el fuerte mar de fondo del suroeste montó al buque sobre los bajos de "Pegar", a escasos 200 metros de la isla de Sálvora, en la entrada a la ría de Arosa, quedando el barco apoyado de popa sobre su aleta de estribor. Era la una y media del día 2 de Enero de 1.921.
Inmediatamente se ordenó avisar al pasaje y el abandono inmediato del buque, pero a los quince minutos del embarrancamiento se apagaron las luces, aumentando el pánico entre los pasajeros y dejando sin suministro a la estación de radio, el radiotelegrafista Dn. Angel González Campos, muerto en el naufragio, apenas pudo transmitir: "Estamos encima de las rocas de Salv". Estas escasas señales fueron recibidas por Finisterre radio y el buque Flandre, de bandera francesa, quienes ante la ausencia de respuesta sobre el lugar del naufragio no pudieron ayudar en labores de salvamento hasta pasadas varias horas cuando el barco Cabo Menor, en ruta a Villagarcía confirma la situación a Finisterre radio. El resultado fue el de 213 víctimas, entre muertos y desaparecidos, salvándose únicamente 27 tripulantes y 29 pasajeros.
Las declaraciones realizadas en fechas posteriores al naufragio, en distintos medios de la época, por el segundo oficial Dn. Luís Cebreiro, pueden hacernos ver parte de la magnitud de la tragedia:
"A eso de la una y media, aproximadamente, de la mañana del domingo día dos y estando descansando en mi camarote que estaba bajo el puente, sentí un fuerte golpe en el buque y empecé a vestirme y, al momento, se presentó el capitán, avisándome de que encallara el buque y dando órdenes para proceder al salvamento del pasaje y tripulación. Salí rápidamente de mí camarote y subí al puente. Allí estaban el capitán y el primer oficial con pasajeros que se proponían salvar. Yo bajé a atender a muchos que estaban en la cubierta de botes de babor, pues los de estribor los destrozó el mar contra el barco, por ser el costado que daba de donde venía el mar. De babor se arrió un bote con tripulación y pasaje que pudo salir; pero más tarde supe, cuando llegué a tierra, que ese bote se destrozara contra la isla de Sálvora".
"Viendo que daba el fuerte mar reinante contra el vapor que estaba ya sin luz decidí trasladarme con todos ellos a la cubierta de popa, pues podría quedar aquella parte fuera del agua y de ésta forma podrían acudir en nuestro auxilio. Así lo hice y pasé con todos a aquella parte animándolos y allí los agrupé al lado del bote nº 8 que estaba en la parte de babor".
"Oí, decía el segundo oficial, gritos pidiendo varias personas auxílio, voces que partían del fumadero de segunda clase y bajé y allí estaban varios hombres y mujeres del pasaje, y los llevé a donde podían estar más seguros, al lugar mencionado. Por si aquella parte del buque se hundiese, los metí dentro del bote a todos y quedamos tres fuera del bote, yo y otros dos más que supiesen nadar para que el bote no fuese muy cargado. También se metió el primer maquinista, Dn. Miguel Calvente, que falleció de frío cuando llegaba a tierra y quién ordenó que se abriesen las válvulas de seguridad de las calderas al abandonar el correo cuando empezó a entrar agua en ellas".
"Acurrucada en un rincón de la cubierta, una madre intentaba amparar y cubrir con su cuerpo a cinco infelices criaturas. Durante un tiempo las olas, furiosas y gigantes, parecían respetar aquel cuadro de ternura y amor. Cambió el viento, y el mar se abalanzó sobre las inocentes víctimas. Fue un momento de angustia sin igual ver como cada ola iba arrancando un hijo de los brazos de aquella madre, a quien ahogaba el dolor. Con el último de los hijos, al que abrazó desesperadamente, llevó el mar la figura más hermosa de madre que contemplé en mi vida".
"Amaneció y siempre tenía la esperanza de que llegasen auxilios y no tuviésemos necesidad de arriar el referido bote, pues, dado el mar que había, resultaría peligroso, pero a eso de las nueve de la mañana empezó a hundirse aquella parte de la popa, seguramente porque partiera en dos el barco, quedó el salvavidas sobre los calzos y llegó el mar a donde estaba y flotó, quedando fuera del barco con todos los que metiéramos dentro del mismo, quedando en la cubierta algunos que sabían nadar, y que se metieron, al caer al agua arrastrados por otro golpe de mar, dentro del mismo, con los demás náufragos. Salieron bogando con dos remos dos marineros del buque y otro que era de Palmeira, ya viejo, gobernando el bote.
Quedamos yo y un pasajero joven, que agarré en el agua ya que no sabía nadar, y, aunque desde el bote nos ofrecían sitio, les manifesté que, por ir muy sobrecargado no quería embarcar, pues era peligroso, y dejé embarcar al joven que yo llevaba nadando. Así siguieron por sus medios en dirección a la isla y, más tarde y ya bastante separados del buque, supe en tierra que fueran auxiliados por dos dornas de la isla de Sálvora, una tripulada por mujeres y otra por hombres.
Continué yo nadando, aunque era peligroso, fui a la isla y a ella llegué después de luchar mucho con el mar, pues intenté ir nadando a una ensenada de Sálvora llamada Besugueiros. No me fue posible y entonces, sorteando las rompientes, pude llegar a otro sitio de la misma donde se encontraba un grupo de mujeres y algunos hombres haciendo señales indicándome el lugar mejor para que llegase y, una vez allí, me auxiliaron y vendaron los pies, por herirme en las piedras, pues iba descalzo para poder nadar mejor. Se portaron todos muy bien conmigo y me llevaron al faro nuevo que aunque no funcionaba aún, vivían en el, y allí me dieron una cama, por no servirme ninguna de las ropas de las que me traían, pues soy de mucha estatura. Cuando desperté, me trajeron el traje ya seco y me vestí. Fui en el vapor Rosiña a Riveira, donde se encontraba en el puerto mucha gente que me animó y atendieron mucho a todas las personas que se salvaron".
Desde estas líneas queremos rendir un gran homenaje a todas aquellas personas que colaboraron en el auxilio y ayuda a los náufragos, evitando que la tragedia fuese todavía mayor:
A Josefa Parada, Cipriana Oujo y María Fernández Oujo, que sin pensar en los riesgos que corrían se embarcaron en una pequeña dorna y ayudaron, remolcando con cabos, a salvar a los náufragos del bote nº 8, así como a otros náufragos, que trajeron de remolque en varios viajes al no poder embarcarlos en tan débil embarcación. En total salvaron a 48 náufragos. Como reconocimiento recibirían posteriormente la medalla de Salvamento Marítimo, así como diversas condecoraciones, pasando a la historia con el nombre de Heroínas de Sálvora.
A Dn. Miguel Calvente Villalva, primer maquinista, y al fogonero Dn. Manuel Flores Martínez, muertos en el accidente, que al abrir las válvulas de seguridad evitaron que explotasen las calderas, con los graves riesgos que esto entrañaría para los que estaban en el barco.
A Dn. Luis Cebreiro, segundo oficial, que gracias a su coraje y valentía colaboró en la salvación de los embarcados en el bote nº 8. Fue condecorado por la Sociedad Española de Salvamento de Náufragos con la Medalla de Oro, por el Gobierno con la Cruz de la Orden de Beneficencia de primera clase, y por el rey Alfonso XIII con la Cruz del Mérito Naval.
A Dn. Antonio Pescador Saberón, capellán del "Santa Isabel", muerto en el naufragio, que se negó reiteradamente a subir a los botes, dándole incluso a los pasajeros los salvavidas que la tripulación le daba para su uso personal, quedándose en el barco confortando y animando a los náufragos hasta que una ola lo arrebató de la cubierta.
Al pueblo de Ribeira que de forma ejemplar ayudó a los supervivientes, los cuales fueron acogidos en distintas casas particulares, lo que fue elogiado en diversos periódicos de la época, y que el rey Alfonso XIII reconocería posteriormente al concederle el título de "Muy Noble, Muy Leal y Muy Humanitaria Ciudad"
En la actualidad todavía podemos contemplar cosas que nos recuerdan tan terrible tragedia.
Fuente : Carlos Mey .  http://www.histarmar.com.ar
Escrito por Carlos Mey •   Agregar un comentario   0 comentarios





 
Hoxe Cristina Martín envíanos un interesante artigo sobre o selo de Rosalía de Castro e unha parte da súa historia, relacionada con Carril. 
Cristina Martín (Madrid) é licenciada en Filosofía e Letras na especialidade de Prehistoria e Arqueoloxía. É unha apaixonada da historia, da arte, da fotografía e sobre todo da filatelia colaborando para varios blog, webs e asociacións filatélicas (AFINET, Club Cece e SOFIMA) e escribindo varios artigos de filatelia, ademais de ser experta en redes sociais e bloguiera de SOFIMA. Foi directora da publicación do Blog de SOFIMA, denominada Articularía de SOFIMA Online e coordinadora de contido dos dous primeiros volumes de SOFIMA Info.Colaborou para a Revista Dixital 6 cuartos de AFINET impartindo varias conferencias e faladoiros filatélicos, organizados por SOFIMA (Sociedade Filatélica de Madrid). Publicou tamén o libro-Álbum o Camiño ás Estrelas, da Biblioteca o Bibliófilo Filatélico Edición Peregrinatio, un percorrido histórico filatélico polo Camiño Francés de Santiago. Ademais de colaborar para o Blog a Gateira da Vila, unha Revista Dixital que fala sobre Madrid en varias vertentes, históricas, artísticas, etc. Na actualidade é blogueira do Salón de Cris, un Blog onde fala de filatelia, historia, arte, en xeral de todo o relacionado co mundo da cultura e ao que podedes acceder no enlace.
 
O selo de Rosalía de Castro. Por Cristina Martín San Roque
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O selo de Rosalía de Castro

22/07/2013 09:16:09
El 8 de abril de 1968 se emitía la 5ª serie española dedicada a Personajes Españoles. Dentado 12 ½ por 12 ¾. Impresión calcografía. Tirada 10.000.000 ejemplares. En esta ocasión la serie estaba compuesta por 4 sellos: Sello de 1.20 pesetas que reproduce a Beatriz Galindo Sello de 1.50 pesetas que reproduce a Agustina de Aragón. Sello de 3.50 pesetas que reproduce a María Pacheco Sello de 6 pesetas que reproduce a Rosalía de Castro Hoy hablaremos del sello de 6 pesetas que representa a Rosalía de Castro que junto con Gustavo Adolfo Bécquer es precursora de la poesía moderna española y una de las máximas representantes de la literatura gallega contemporánea ¿Pero quien fue Rosalía de Castro? Nació el 24 de febrero de 1837 en Santiago de Compostela, fue hija natural del sacerdote José Martínez Viojo y María Teresa de la Cruz Castro y Abadía, y recibió el nombre de María Rosalía Rita figurando en el registro como hija de padres desconocidos y su madrina María Francisca Martínez cuido de ella, para evitar que entrará en un orfanato. Hasta los 8 años vivió con su tía paterna Teresa Martínez Viojo en la aldea de Castro de Ortoño, en el municipio de Ames en la Coruña. Su estancia en esta aldea influyó en su obra denominada “Cantares Gallegos”. Su madre en torno al año 1850 decide cuidar de ella y se traslada a Santiago de Compostela donde recibió la educación que en aquella época se consideraba digna para las señoritas, es decir nociones básicas de dibujo y música, aunque asistía con frecuencia a...Leer la continuación
Escrito por Cristina Martín S...  Agregar un comentario   2 comentarios
La Camioneta de mi padre
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La Camioneta de mi padre

02/07/2013 19:03:51
Aunque parezca mentira, las camionetas también hablan. Sobre todo si tienen buenos sentimientos. La famosa camioneta de mi padre los tenía. Por eso cuando ya estaba aparcada al lado de la “casa de enfrente” esperando al chatarrero, me dijo: Hemos recorrido juntos muchos caminos. Perdona que me ponga sentimental, pero creo que se puede disculpar fácilmente a una camioneta vieja, aparcada y en proceso de descomposición. He servido bien a tu padre. Mejor dicho, a toda la familia. Apenas he tenido averías importantes. Sí, ya sé que me puedes decir: ¿Y aquella noche en que traías a mis padres desde Villagarcía y los dejaste tirados en la cuesta del Rial. Es verdad. Pero fue la única vez. Y bien sabe Dios la mucha pena que me dio. Tuve que quedarme allí, al lado de la carretera, bajo la lluvia, mientras tus padres se alejaban sin paraguas, y tu padre miraba hacia tras de una vez en cuando como si esperase que me pusiese a andar de repente. Lo que me falló fue la dirección, así como lo oyes. ¡Vaya susto que se llevó tu padre! De repente sintió que no le respondían las ruedas. Frenó a pocos centímetros de un pino piñonero. Después me empujó un poco para dejarme totalmente fuera de la calzada, y no necesitó ni levantar el capó, porque la avería estaba bien clara. Pero olvidemos ese lamentable incidente. Recuerda que, cuando tu padre me compró, ya llevaba sobre mis ballestas miles de kilómetros y miles de kilos de las más diversas cargas. Ya era una camioneta vieja. Por eso tuvo que pagar poco. No recuerdo bien, pero me parec...Leer la continuación
Escrito por Anxel Vilamaior •   Agregar un comentario   1 comentarios
 
El desván - Por Anxel Vilamaior
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Una puerta cerrada con llave que impedía acceder al desván de la casa de los abuelos. La habían puesto porque se consideraba que el desván era un sitio peligroso para los niños. La primera vez que subí fue con la abuela Lola. Durante la noche había llovió a mares y el rio se había desbordado. -Vamos –me dijo mientras cogía la llave en un armario de la cocina-, desde el ventanuco del desván se ve muy bien la inundación. Por primera vez vi abrirse aquella puerta y puse los pies en el último tramo de las escaleras de la casa. Al final del tramo, otra puerta. Pero no hacía falta llave para abrirla. La abuela la empujó y se abrió rozando el suelo. -Ahora ten cuidado. Algunas tablas del piso están mal. Así que mira bien dónde pones los pies. -No se ve nada. -Enseguida se te acostumbrará la vista. Tú sígueme. Vamos hacia el ventanuco. ¡Cuántas cosas había allí! Aquello era como una cueva llena de tesoros que me está diciendo: ven a buscarnos, te esperamos, llevamos aquí mucho tiempo sin hacer nada. Tropecé -Ten cuidado. ¿Te has hecho daño? -No, abuela. -Mira, mira que mar. Asomé la cabeza y… el rio había desaparecido y en su lugar había un lago que inundaba todos los campos, las fincas de la Hermida, las fincas de Tarrio; el agua llegaba casi hasta nuestra huerta. Era como un gran espejo silencioso. En algunos puntos asomaba del agua alguna parra más alta que las otras, o un arbu...Leer la continuación
Escrito por Anxel Vilamaior •   Agregar un comentario   0 comentarios
 
A anexión dos concellos de Carril. Vilaxoán e Vilagarcía
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La organización territorial es como la materia: ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. Y eso es lo que ocurrió, ocurre y seguirá ocurriendo. Los ayuntamientos, tal y como hoy los conocemos, tienen su origen en la Constitución de 1812, de la cual este año cumplimos 200 años. Es decir, en términos históricos, tal organización es de antes de ayer. Antes de "La Pepa" la forma de organizarse territorial y administrativamente (porque de alguna forma había y hay que organizarse) correspondía a un complejo sistema heredado del Antiguo Régimen, en el que predominaban jurisdicciones y cotos, en los que se mezclaban dominios de realengo, monásticos, señoriales y hasta de los propios vecinos. Sólo en Galicia había 509 jurisdicciones, 155 cotos, 7 ciudades, 95 villas y casi 3.800 parroquias. Y esta forma de hacer y pensar las cosas explica que, por ejemplo, hace doscientos años, Fontecarmoa pertenecía a Caldas y Bamio a Vilanova, algo impensable hoy en día. Cuando los autores de La Pepa se reunieron en la isla de León, en Cádiz, uno de sus principales preocupaciones fue, precisamente, poner orden en semejante caos territorial. Nacieron así los denominados "ayuntamientos constitucionales". El actual término de Vilagarcía de Arousa se "constituyó" en cuatro concellos: Vilagarcía, Carril, Sobrán y Rubiáns. De estos, por cierto, Rubiáns era el más grande y el más importante. Son las cosas que tienen una economía basada en lo rural. Y un ejemplo de que nada, y menos en términos municipales, es inmutable. Aquellos primeros ayuntamientos tuvieron corta vida. Los vaivenes absolutistas de Fernando VII tuvieron mucho, o todo, que ver. Así que en 1814 volvimos al Antiguo Régimen, para regresar a la constitución entre 1820 y 1823, años...Leer la continuación
Escrito por Manuel Villaronga •   Agregar un comentario   0 comentarios
 
El Palacio del Marqués de Vista Real. Por Tomás Ángel Trigo
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Un domingo por la tarde, Lito y yo fuimos a dar un paseo por la carretera de Ousensa. Casi sin darnos cuenta, llegamos ante los muros del Pazo del Marqués de Vista Real. Nuestra primera impresión al encontrarnos con lo que a nosotros nos parecían al murallas fue de asombro. -Medirán cinco metros de alto, por lo menos. -Pero se puede escalar – dijo Lito -Sí, pero al llegar arriba nos cortaríamos con los cristales. Los cristales de botella estaban allí, en lo alto, como dientes de una culebra, riéndose de nosotros. Decidimos sentarnos apoyando la espalda en el muro y crear con nuestra imaginación lo que no podíamos ver con nuestros ojos. -Seguro que hay unos perros enormes, mastines, que como te vean te pueden matar. -La casa es como un palacio con muchas ventanas. -Y alrededor tiene muchas flores de todos los colores y árboles muy raros. -El marqués debe ser un hombre malísimo y si nos ve puede llamar a la guardia civil. -Tiene un coche negro y viene de Madrid a pasar aquí el verano. -Es un coche como el del sacauntos. -¿Quién es el sacauntos? -Un hombre que va en un coche negro y que si te coge te abre y te quita el unto. -¿Tú lo viste alguna vez? -Sí, un día que iba por el camino de Currás, pero escapé por las fincas. -¿Y tú crees que el marqués también te sa...Leer la continuación
Escrito por Tomás Ángel Trigo •   Agregar un comentario   0 comentarios
 
 
HISTORIAS DA NOSA COMARCA
 
Pazo de Vista Real
Vilanova de Arousa
Vign_38183-620-282
 
LA MUERTE DE JOAQUÍN
Por Anxel Vilamaior

Tenía solo cinco años. Era una tarde de verano. De vez en cuando, pasaba un coche a toda velocidad, hacia las playas.  Y Después  todo quedaba en silencio. Hacía calor. Yo estaba sentado al lado de la puerta de la tienda. Leía un libro de Steinbeck, Las uvas de la ira. 
Joaquín estaba sentado en un escalón de la puerta de la casa. Al otro lado de la carretera. De vez en cuando, levantaba la vista del libro y me fijaba en el.  Jugaba con un palo. Hacía dibujos en la tierra. Cuando pasaba un coche a toda velocidad, hacia las playas, se rompía el silencio de la tarde. Aquel ruido resultaba molesto, pero al fin  se alejaba y volvía el silencio. Un carro de bueyes, como salido de otros tiempos, se acercaba lentamente por la carretera. Lo conducía un anciano. El monótono grito de los ejes era un lamento. Ahora lo pienso. ¿Sería aquel lamento lo que me hizo presentir la desgracia? Me puse tenso. Levanté la vista del libro. Joaquín seguía haciendo dibujos con aquel palo en la tierra, haciendo dibujos, como si no tuviera más que hacer en toda su vida. Un coche negro venía a toda velocidad, hacia las playas. El ruido del coche se sobrepuso déspota extranjero al lamento del carro. ¿Intenté  gritarle a Joaquín que se metiera dentro de su casa? El anciano no pudo oír el ruido del coche. No pudo, porque si  pudiera no torcería los bueyes hacia el centro de la carretera para tomar el camino de Ousensa. Pero lo hizo como si solo él estuviese en el mundo viajando con su carro de bueyes. El coche negro  pudo haber seguido en línea recta y destrozar las cabezas de los bueyes. ¿Qué importan dos bueyes? ¿Qué importan dos viejos bueyes y gordos, que apenas pueden tirar de un carro? Si hubiera seguido en línea recta, aquella tarde hubieran muerto dos bueyes que no servían para nada. Y si no hubieran muerto del todo, vendría Ricardo el carnicero con su escopeta y los hubiera rematado a gusto para que no sufrieran. 
Joaquín no tuvo tiempo de darse cuenta. ¿Intenté gritarle que se metiera en su casa? Tal vez, pero no recuerdo haberlo hecho. Joaquín estaba enfrascado en los dibujos que hacía en la tierra con su palo. No vio el carro ni el coche. Ni siquiera levantó la vista cuando las ruedas del coche chirriaron en el asfalto. Tal vez se dio  cuenta de todo en el último instante, cuando el coche negro volaba directamente, imparable y mortal hacia su frente.  No pude mirar. No pude mirar. Me metí dentro de la tienda gritando como si me hubiesen clavado un puñal. Después, no sé cuándo después, todo fue jaleo de gente, de gritos, de coches que se paraban, de gritos desgarrados de la madre de Joaquín, que estaba embarazada, que quería  resucitar a su hijos y se desmayó a su lado. Recuerdo, como entre sueños, que mi padre la levantó y la llevó al coche que tenía aparcado detrás de la casa. Arrancó a toda velocidad y desapareció camino de Villagarcía. No recuerdo más. No puedo recordar más porque no pude seguir mirando. Me refugié en el patio. Quería estar solo.  Una hora después me llamó mi madre para que fuese a la tienda. Vi a dos jóvenes abrazados, ella lloraba. Él tenía una herida en la frente y mi madre trataba de echarle agua oxigenada.
-Merci, merci.
-Son los que venían en el coche –me explicó mi madre-. Son franceses. Diles algo, nadie les entiende.
¿Y qué les digo? No soy capaz de decir nada a nadie. Joaquín estaba jugando con un palo, haciendo dibujos en la tierra. ¿Les digo eso?
-Hay que llamar a la guardia civil –le dije a mi madre.
-Díselo. Dile que hay que llamar a la guardia civil.
-Nous allons appeler a la guarde civil.
Esto no es francés ni es nada. 
-Oui, oui –respondieron-. Merci.
No fue necesario. La guardia civil apareció en aquel momento. Alguien les había avisado ya.
Volví a refugiarme en el patio. Ya estaba allí la guardia civil. Si no saben francés, allá ellos. Que se aclaren como puedan. Yo tampoco sé francés ni se nada. Solo sé que Joaquín estaba haciendo dibujos con un palo en la tierra y ahora está muerto.
Aquel día murió Joaquín y nació su hermano Joaquín Enrique.
Han pasado muchos años. Ya nadie se acuerda del carro de bueyes y del coche negro que venía a toda velocidad, hacia las playas. Los dibujos que Joaquín estaba haciendo en la tierra con su palo han sido borrados mil veces por la lluvia del invierno. ¿Qué será de los franceses? Me los imagino en Paris, tratando de olvidar también el carro de bueyes y el niño que estaba sentado en el escalón de la puerta de su casa.
Dios, en su eterna e incomprensible Sabiduría, permitió que aquella desgracia hiriese profundamente el corazón de una madre y de un padre.
Ha pasado mucho tiempo. Ayer, aquellos corazones –los he visto- estaban rebosantes de felicidad, mientras contemplaban a su hijo Joaquín Enrique, vestido con casulla blanca, celebrando su primera Misa solemne en el altar mayor de Caleiro.
Ánxel Vilamaior

Vilagarcía, Patrimonio e historia