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"Unha ventá para o recordo"
A Vilagarcía antiga
 

O ANTIGO BALNEARIO DA CONCHA OU DA PURÍSIMA CONCEPCIÓN

 

Entre os anos 1884 e 1886, don Manuel Villanueva Abades, don José Salgado Rodríguez, dona Socorro Pumariño e don Ramón Mantilla Gutiérrez, habían promovido catro proxectos para construir, en Villagarcía, “un balneario ou casa de baños de mar” pois esta cidade, aínda que se atopaba emprazada nun lugar privilexiado para o veraneo, onde acudían anualmente, na época estival, gran cantidade de persoas a gozar das súas marabillosa praias, non contaba cos servizos necesarios para atender debidamente a tantos veraneantes. Ocupaba unha superficie de 2.652 metros cadrados, 189 dos cales correspondían ao salón de baile. Con proxecto de don Jenaro de la Fuente e Domínguez, era de estilo chinesco, construido en madeira grosa sobre pilotes encima do mar, na Praia da Concha. Estaba dividido en tres partes e accedíase ao mesmo pola central, que estaba unida á rúa por unha pasarela de cemento e de madeira levantada sobre unha estrutura metálica; estaba cuberto cun tellado formado por ferros de cinc.

 
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José Salgado / Casa de Baños: el elegante balneario de Vilagarcía “La Concha de Arosa”. Tratamientos hidroterápicos, descanso, encuentros entre los más diversos personajes, banquetes, tertulias, fiestas, bailes, veladas teatrales, musicales y excursiones

Autor : Luis María Salgado Sáenz

 


O meu mais sinceiro agradecemento ao autor pola súa xenerosidade e por darme a oportunidade de difundir este excelente traballo de investigación e recopilación que se relata nos seguintes cinco artigos. Juan Carlos Porto

 
El antiguo Balneario de Vilagarcía de Arousa - Parte I
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José Salgado / Casa de Baños: el elegante balneario de Vilagarcía “La Concha de Arosa”. Tratamientos hidroterápicos, descanso, encuentros entre los más diversos personajes, banquetes, tertulias, fiestas, bailes, veladas teatrales, musicales y excursiones El empresario, propiamente, fue su hermano Laureano, pero José Salgado compartió con él algunas iniciativas, como esta de la Casa de Baños. Al calor del progreso económico y de los cambios sociales, emergió una sociedad de consumo con ansias de sociabilidad y necesidad de pasar una temporada de vacaciones lejos de su hogar. Bajo este nuevo paradigma, la clientela más elitista acudía a los balnearios para veranear y descansar sin necesidad de padecer ninguna enfermedad. Se trataba de imitar en España el modelo centro-europeo de las grandes estaciones balnearias, atractivos centros de inversión para el capitalismo. Para satisfacer esta demanda, algunos balnearios españoles adquirieron un componente lúdico y elitista, a la vez que se convirtieron en pequeñas villas termales donde se combinaba la difusión de los nuevos tratamientos hidroter...Leer la continuación
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El antiguo Balneario de Vilagarcía de Arousa - Parte II
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Al empezar a correr por las copas el espumoso champagne se procedió a los brindis en los que intervinieron Pablo Lugo Viña, comandante de marina, Álvaro López Mora, González Besada, Otero Acevedo con un discurso chispeante, Roque Carús, el fotógrafo Prieto, José Salgado en nombre de la Asociación Gallega, que fue el de la idea de construir el balneario con el objetivo de que concurran el mayor número posible de bañistas, el Sr. Fernández Tafall, redactor de la “Gaceta de Galicia”, que leyó una composición en gallego, Manuel Martínez, representante de “La Justicia”, el Gerente de la compañía Laureano Salgado, que dedicó parte de su brindis a la defensa de la prensa, lo que motivó felicitaciones de todos los periodistas que se hallaban en el local y el cura párroco Sr. Hervilla. Todos los oradores fueron muy aplaudidos al final de los discursos. Los periodistas asistentes quisieron fotografiarse en grupo con el Sr. Murguía, a lo que este accedió, pero cuando el fotógrafo dijo “quietos”, fueron rodeados por un sinnúmero de personas que no pertenecían a la profesión. A las cuatro de la tarde se organizó una excursión a la isla de Arosa en el vaporcito propiedad del diputado provincial Sr. Juan Goday. En la isla visitaron las fábricas de conservas que allí existen, una de ellas propiedad del Sr. Goday, siendo obsequiados los excursionistas con latas de sardinas. A las ocho...Leer la continuación
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El antiguo Balneario de Vilagarcía de Arousa - Parte III
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Se hacían comentarios ingeniosos, pero comedidos, ante la presencia de señoras, si alguien después del baño de mar buscaba un lugar oculto para exponer su cuerpo al sol, ya que, mayoritariamente, se disfrutaba de la playa sin broncearse, puesto que estar moreno era indicativo de trabajo en el campo y poco propio de las clases altas y acomodadas. “El balneario está emplazado en condiciones tan excelentes que en las horas de mayor calor marca el termómetro 7 grados de temperatura inferior a la que se observa en el pueblo”, manifestaba un bañista en la “Gaceta de Galicia” de 18 de julio de 1899. El establecimiento era de madera, procedente quizá de los bosques de Catoira y Caldas, del estilo de La Perla de San Sebastián en aquel entonces, aunque más capaz y elegante, y al estar edificado sobre pilotes en la arena, quedaba rodeado de agua en la pleamar. Eso de estar rodeado por el mar, como se estaba en el balneario de La Concha, no era del gusto de todos, pues un matrimonio de tierra adentro, que llegó de noche, al sentir subir la marea por la madrugada y verse rodeado por el agua creyó que el edificio se había inundado, y comenzó a pedir socorro despertando a todos los huéspedes. Se tranquilizó cuando le explicaron que aquello era la marea y que no corría riesgo alguno; pero al día siguiente cambió de residencia. Los que no sienten temor en alojarse allí encuentran lo que se busca en verano, mucho fresco....Leer la continuación
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El antiguo Balneario de Vilagarcía de Arousa - Parte IV
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Es lógico que el balneario a lo largo de sus cincuenta años de existencia pasara por todo tipo de situaciones, desde las más álgidas hasta las más modestas, de acuerdo con la situación económica del país y de la gestión más o menos acertada de las personas que lo dirigieron en las diversas etapas de su existencia. A pesar de las críticas, Juan Pérez de la Fuente obsequió, a finales de agosto, con una comida íntima en el balneario a Gabino Bugallal, que llegaría a ser ministro y presidente de Gobierno interino, a la que acudieron el exgobernador civil de la provincia Llamas Novac, Cástor Sanchez, el magistrado Trillo Señorans, el Sr. Ricoy, etc. – El “Diario de Pontevedra” informa el 4.4.1902 que “la Gaceta de Madrid”, el boletín oficial, publica un decreto aprobando el contrato celebrado entre la Administración y Laureano Salgado para arrendamiento de un edificio destinado a establecer las oficinas de Aduanas de Vilagarcía-Carril, por el precio anual de 3.000 pesetas. – El 28 de junio de 1904 se decía en la “Gaceta de Galicia”: “Empiezan ya a recibirse pedidos de habitaciones en Villagarcía … el hermoso balneario de La Concha de Arosa ha de ser, como todos los años, el punto de cita de todos los bañistas, organizándose las agradables matinés de costumbre”....Leer la continuación
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El antiguo Balneario de Vilagarcía de Arousa - Parte V

El antiguo Balneario de Vilagarcía de Arousa - Por Luis María Salgado Sáenz

10/05/2021 13:10:39

En la novela “La Casa de la Troya”, ambientada en la Galicia de finales del siglo XIX, Augusto Armero, uno de los estudiantes protagonistas, con objeto de que su amigo, Gerardo Roquer, personaje principal, se animara y se acercara desde Compostela, en alborotada epístola le describe las delicias de Vilagarcía: “el San Sebastián gallego”, “el pueblo un encanto; la ría una divinidad; la campiña otra. Y encima el baile, chico. Baile por la mañana en el Balneario, baile en el Balneario por la tarde, baile por la noche…”.

La lancha a vapor del industrial D. Antonio Alemparte estaba a disposición de los concurrentes al balneario para hacer excursiones por la ría y puntos próximos. Sólo hacía falta avisar con tres horas de antelación al Administrador de la casa y convenir los precios. El restaurante del establecimiento se encargaba de servir almuerzos a los excursionistas.

J. López Otero nos relata en 1895, en “Revista Popular”, una excursión desde Vilagarcía hasta A Pobra do Caramiñal: “nos acercamos al muelle, recorrimos este largo puente de hierro, y un bote nos llevó al vapor. Ya estamos a borde del “Pasage” con otra mucha gente; se anima el fuego a la caldera y con fuerza emprendió su marcha, izóse el foque y el trinquete; de babor velas que henchidas por el viento aumentaban la velocidad del barco … yo al lado del patrón y timonel sobre el puente del timón haciendo mis preguntas, tomando notas, viendo a cada instante levantarse delfines aleteando sobre la superficie, y cómo en la proa se rompían las olas en blanca y rizada espuma”.

“Ahí al Norte, a la derecha, me dice el patrón, ve Usted, Maño, Insua de Cabio, Chazo, con sus almacenes de salazón, Boiro, Escarabote: a este otro lado nos queda el monte Lobeira y la Isla de Arosa”.

“Frente a la embocadura de la ría perdíase la vista en las aguas del Océano Atlántico. Divisamos la torre de Goyanes, y la Puebla tras el islote Venza o Venecia. Sirven de espalda al Caramiñal elevados montes que faldean la costa, las dos curotas cortadas por el río San Juan. Pronto nos vimos cercados de casas, plegáronse las velas y cruzamos el puerto entre una corbeta … y un bergantín … que un golpe de mar dejó sin la empabesada y parte del aparejo”.

“Sin conmoción ni mareo pusimos pie en tierra, Puebla … las dos y media serían cuando entramos en la lancha que hace el viaje a Villanueva; se hizo a toda vela con viento favorable, y sin sentir pasamos este trayecto cruzando la ría”.

“… largas y penosas nos resultaron las dos leguas de paseo desde Villanueva hasta Villagarcía, por haberlas hecho a pie y con un viento molesto; es la nota más desagradable de la excursión”.

Se organizaban excursiones o giras por los alrededores para la colonia bañista del balneario, entre otros lugares a Caldas, donde se podía admirar la magnífica cascada de Segad, visitar los establecimientos de aguas termales y ver crecer por días la primera fábrica de azúcar de remolacha que se propone implantar en Galicia el rico capitalista Laureano Salgado. También se iba al balneario de A Toxa, de renombre universal, al de Cuntis, a la isla de Arosa, a Cambados, más lejos a A Estrada, Ponte Abea, Ponte Taboada y Pontevedra; o a visitar las fincas campestres que existen por los alrededores o sencillamente acercarse al puente Curruncho, situado entre Saiar y Lantaño, para degustar una comida en el campo.

Con el título de “Gira a Caldas”, se informaba en “La Correspondencia Gallega”, de 9.9.1897: “Anteayer han ido de gira a Caldas cerca de cuarenta personas de Villagarcía que han hecho el viaje montadas en burros. Entre los expedicionarios figuraban los profesores señores Brañas -el ya citado representante del regionalismo gallego, D. Alfredo-, D. Pascual Nacher -catedrático de Historia Natural en Santiago de Compostela- y el hijo del ministro de Hacienda señor Navarro Reverter -no se concretaba si el hijo era Juan o Vicente Navarro Reverter Gomis-, y muchas señoritas que veranean en la Concha de Arosa”. Quizá se cruzaron en el camino con D. Antonio Zúñiga Tomé que, nacido en 1830, madrugaba todos los días de la semana, e iba de Caldas a Vilagarcía para vender botellas con agua de la Burga, lo que hizo, casi, hasta cumplir los cien años que vivió. El agua caliente llegaría fría a su destino, por lo que es probable que D. Antonio aconsejara a sus clientes “poñelas o baño María”, igual solución que, para tratar el agua embotellada que estaba pensando llevar a la aldea, se le ocurrió a un tal Sr. Fontán que venía todos los años, desde la montaña de Outes, a tomar las aguas calientes del balneario Dávila.

Si la excursión era a la isla de A Toxa, esta se vestía de gala para recibir a los excursionistas de Vilagarcía. Si se iba por mar se engalanaban los vapores o vaporcitos necesarios para albergar al contingente más o menos numeroso de personas que deseaba arribar al balneario de A Toxa, entre el que normalmente predominaba la juventud alegre y bulliciosa. Se les recibía con estruendo de cohetes, con flores y con vivas y con un letrero monumental que decía “La Toja al pueblo de Villagarcía y a su colonia veraniega”, que se contestaban con gritos de alegría y saludos estridentes de las sirenas de los vapores. Las excursiones de los bañistas para visitar los balnearios del entorno, como digo, eran habituales. Los medios de transporte, que se empleaban para trasladarse de uno a otro balneario, a finales del siglo XIX y principios del XX, eran vapores, coches o carruajes en los que iban las señoras y caballeros, e incluso briosos borricos o pollinos, preferentemente utilizados por la gente más joven, en trayectos cortos, como entre Caldas y Cuntis, o viceversa, aunque como hemos visto también desde Vilagarcía se animaban a acercarse a Caldas en los citados jumentos; y los automóviles cuando estos se empezaron a comercializar. En la población receptora, como hemos visto en A Toxa, se les esperaba con estandartes artísticamente decorados, en los que se podía leer “Cuntis y Caldas 1897”, “Viva Caldas”, “Viva Cuntis” -desde 1895 hubo instalación telefónica entre Caldas y Cuntis, lo que facilitaría la comunicación-, o “Viva Villagarcía”, “Salud a los bañistas”, “Mueran el reuma, los catarros y la tos”; ramos de flores, e incluso la llave de la ciudad. No faltaban las gaitas, la del popular Cristos en Cuntis, y los cohetes, o la Marcha de Cádiz, siendo obsequiados los señores bañistas con pastas, refrescos, jerez, champagne, etc. Se intercambiaban estandartes, frases de afecto entre unos y otros, predominando el buen humor. Se organizaban bailes, en los cuales muchos de los reumáticos bailaban con entusiasmo, veladas musicales y conciertos, en los que se podía encontrar a personajes, como al ya referido Isidoro Puga; al niño prodigio Manolito Quiroga interpretando al violín obras de Grieg o Bethoven, o al maestro Enrique Lens Viera, notable compositor y pianista, al que Arthur Rubistein calificó como un gran virtuoso del instrumento, ejecutando vals, rigodones, lanceros, etc., a veces acompañado por su hijo Antonio. También, con objeto de reconocimiento social, solían intervenír distintos miembros de la colonia de bañistas, y vecinos de alguna de las localidades. Los conocimientos de música y concretamente de piano eran signo de cultura y muestra de haber recibido una esmerada educación.

En la prensa, en la correspondiente crónica, se describía a alguna de esas señoritas bañistas, como por ejemplo María Veiga Sixto, con aptitudes para el canto, baile y con conocimientos musicales, “contribuye a la alegría que en aquella casa reina; llegada hace pocos dias desde Ferrol, acompañada de su madre; tan encantadora criatura toca muy bien el piano, canta admirablemente, luciendo una hermosísima voz de mezzosoprano y baila con gracia inimitable la jota aragonesa, es la reina del salón de fiestas del Hotel”.

Se recitaban sentidas poesías; se cantaban, en el mejor de los casos con bien timbradas voces, selectas y agarimosas composiciones gallegas, como “Meus amores” del inspirado poeta Salvador Golpe; aunque también, dado el diverso origen de los agüistas, se podía escuchar “La verbena de la Paloma” o una “Murga Gaditana”, y presenciar el baile de “unas malagueñas” interpretadas con maestría y gentileza. Y terminar como fin de fiesta a los acordes del himno a Galicia.

Al caer la tarde, con harto pesar de unos y otros, los expedicionarios, a la voz de “andiamo”, regresaban, en animada caravana, a su lugar de origen, quizá a los ecos de la Marcha de Infantes; con el abanderado a la cabeza, los burros de dos en fondo y los carruajes detrás. Eran acompañados hasta la salida de la villa, repitiéndose los vivas y aclamaciones, en tanto a los galantes huéspedes no se les perdía de vista, en el primer recodo de la carretera.

Ramón Pérez de Ayala pasó un verano muy entretenido, en el año 1910, en que estuvo en Caldas invitado por su amigo, el también escritor caldense, Enrique Amado, con las excursiones en asno de los agüistas al Curruncho o a otros lugares de la comarca; con los intercambios de visitas de los balnearios cercanos, con los juegos de prendas al anochecer, en el salón de los balnearios; con los asaltos en los que se lucía, pues bailaba muy bien el rigodón y el vals; o haciendo y recibiendo visitas de otros escritores, como Victoriano Gacía Martí o Valle-Inclán –Borobó-.

Eran bien acogidos en los balnearios las personas célebres, ya fueran políticos, aristócratas, intelectuales, escritores, periodistas, artistas, músicos, etc., que generaban noticias y hacían que se pusiera el foco de atención sobre el establecimiento termal, a lo que ayudaban las crónicas de la prensa, con el relato de la exhibición de las facultades líricas, musicales, humorísticas o de cualquier otra clase de los ilustres o destacados agüistas. Era también valioso para los balnearios contar con un pianista, un huésped jocundo e ingenioso, un organizador de excursiones en burro o un promotor de juegos de prendas.

No obstante la presencia de visitantes ilustres o de acomodada situación económica, el balneario “La Concha de Arosa” y otros balnearios se abrieron a todas las clases sociales. A partir del mes de septiembre, preferentemente, acudían al establecimiento los/as llamados/as “mantidos/as” -visitantes asiduos tambíén de los balnearios de Caldas-, después de la marcha de la pléyade de forasteros que veraneaban en Vilagarcía. Eran gentes venidas de pueblos o aldeas de la Galicia interior que, en un principio, con sus atuendos característicos entraban indecisos en el mar y hacían piruetas para vestirse y desvestirse sobre la arena, pero que poco a poco fueron modernizándose, pues también la moda llegaba tierra adentro, y usaron maillots de nylon o espuma que les permitía vestirse sobre él, por secarse este rápidamente, una vez terminado el baño, tal vez prescrito por el médico -“Pueblo Gallego”-. A algunos, más finos y clasistas, no les gustaba la inmensa avalancha de labradores que según ellos ensucian el mar, invaden las casas en las que duermen, en un montón de paja, más de una docena de mantidos, y toman por asalto los únicos asientos disponibles en la Alameda de Vilagarcía, en las noches en que la orquesta de los señores Manzano y Valverde dejan oír sus acordes.

“Mantidas” en el interior del balneario, “Vida Gallega”.
Quedan en la memoria las mantidas tomando los baños, en La Concha de Arosa, en grandes bañeras de algas y agua caliente, por prescripción facultativa

Después de más de 20 años de vida del balneario, en 1912, se ultima por los señores Salgado, Olivares y Marqués de Aranda la cesión del balneario Concha de Arosa al Club de Regatas de Vilagarcía, el cual tenía la idea de construir un importante edificio, con lo cual se convertiría en uno de los mejores de España, se decía en los periódicos. El precio de la cesión fue, al parecer, de catorce mil duros.

Siguió funcionando el balneario durante años, pasando después a llevarse a cabo en él distintas actividades, como hemos visto. Desde mítines políticos, escuela de enseñanza, colonia de verano para niños, hasta gimnasio dedicado al boxeo. Los hermanos Rodríguez, “Pantera de Arosa 1º” y “Pantera de Arosa 2º”, convirtieron este salón en gimnasio para boxeo, contando con una numerosa clientela entre los jóvenes de la zona.

El 4 de mayo de 1952 escribía Juan Vigo en “El Pueblo Gallego”: “El balneario de La Concha de Arosa está desapareciendo. Hace unos cincuenta años que fue construído. En él se han celebrado las mejores fiestas vilagarcianas. En su espléndido salón central han tenido lugar los bailes de Carnaval de las sociedades de recreo. Allí hubo jolgorio, alegría, diversión. Antes de ser inaugurada la playa Compostela, los veraneantes tenían su centro de reunión en este gran Balneario. Cada tabla del edificio tiene su historial. Cada tablón su “odisea”, y no hubo un solo puntal, de los muchos que lo sostenían, que no presenciasen en todas las épocas de todos los años, escenas de gran emoción y ternura. Eran los puntales que todo lo aguantaban y sostenían. En invierno el furor de las olas, y en el verano “la caricia” … candente de unos rayos de sol besando cariñosamente las arenas de la playa …. Todo se acaba”.

Finalmente se derribó. “El Pueblo Gallego” informaba al respecto, el 13 de mayo de 1952: “hace ocho días que nos hemos ocupado de la demolición del balneario de La Concha de Arosa. Una semana más amontonando madera y más madera para ser vendida a bajo precio. Un gran edificio que desaparece de los ojos villagarcianos que aún no se abrieron ante la realidad de esta triste demolición…”.

Aquel palafito, muy similar a los existentes en algunos países del Oriente, aquel inmueble de madera levantado en la playa sobre columnas de pino, durante largos años batido por las olas, hoy día es solo un añorado recuerdo en la mente de algunos vilagarcianos.

Escrito por L.M. Salgado Sáenz •   Agregar un comentario   0 comentarios





 
Imaxes relacionadas
 
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O BALNEARIO DA PURÍSIMA CONCEPCIÓN

Unha bela construción desaparecida nos anos 50

 
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LA TRISTE DECADENCIA DEL BALNEARIO


Si, allí estaba él, nuestro Balneario, la Casa de Baños “La Concha Arosa”, en la carretera a la antigua Estación del ferrocarril. 
Últimamente, carcomido por los años. Todo su maderamen levantado sobre verticales troncos de madera alquitranada, cuyas bases lamía y relamía a su placer el mar de la Ría espléndida, en una larga sucesión de años. Pero la Concha se mantenía erguida en seco sobre las olas, y por mucha que fuera la destructora labor de las caries de los años, que iba corroyendo viga a viga y pabellón a pabellón de su linda estructura vegetal, la Concha perduraba cual bíblica Arca de Noé imbatida por los elementos. 
Hace ya muchos años que se le decía, en una obra teatral titulada “El Dios Momo “ ...
Balneario tan desvencijado 
dime a dónde vas, 
tu no ves que te estás deshaciendo 
todo por detrás. 
Pero La Concha impertérrita, deshaciéndose en efecto, por detrás y por delante se mantenía en pié aún cayéndose a pedazos tablas y tabiques uno tras otro. La Concha vivía en sus últimos años, exclusivamente para su espléndida Sala de baile, y tal salón era la única “nodriza” que mantenía a la anciana “Casa de Baños”. 
Tiempos atrás, muy atrás, cuando la Concha cumplía, orgullosa, su alta misión higiénica de Casa de Baños, entonces era un perfecto monumento, honra de la ría arosana. Generaciones de “mantidas” y “poubanas” de toda Galicia refrescaban allí sus anatomías en los cientos de dependencias habitadas para ese menester. 
Últimamente La Concha era, como digo, un estupendo Salón de baile, en donde se celebraron fantásticos festivales. Al fin, y demostrándose una vez la caducidad y efímero que es todo lo que en vida es vida, al Balneario La Concha de Arosa le llegó la hora de la muerte. Pero en el epitafio de su tumba, al paso de pretéritas generaciones por la carretera de la Estación vieja, todos podrán leer: Aquí vivió y falleció un muy célebre Balneario, “La Concha de Arosa” .

Artigo escrito co seudónimo de OTROP nos anos 50

 
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 O BALNEARIO-INTERIOR

Inicialmente a práctica dos baños de mar realizábase exclusivamente con fins sanitarios e ás agachadas, xa que non encaixaba cos valores da época.
É a partir de mediados do século XIX cando estes baños recoméndanse abertamente polos medicamentos higienistas ponse de moda pola alta burguesía, que os converten nunha práctica de lecer, acotada a determinadas zonas da costa. Esta actividade balnearia trae consigo un gran cambio nas costumes sociais dos veraneos da época que motiva a aparición de novas edificacións e infraestruturas: os paseos marítimos e os balnearios de mar, os primeiros talasos que substitúen ás máis incómodas casetas de baño.
En Vilagarcía inaugurábase en 1888 este fermoso edificio fixo de madeira ,o Balneario de "A Concha de Arosa" ou "A Purísima Concepción", na praia da Concha.
A Gaceta de Galicia dese ano contaba como era esta construción e as comodidades que ofrecía: De «estilo chinesco», o edificio tiña unha parte destinada aos homes e outra ás mulleres. Había un restaurante amplo e con mesas de mármore. Albergaba tamén tocador de señoras, gabinete de lectura e unha sala de xogos, con caballitos e billar romano (un xogo de bólas semellante á petanca).
O Balneario da Concha de Arousa dispuña de sesenta habitacións, «con jofaina de válvula, espello e colgadores, pero todo elegante, todo bo», con cuartos de baño quentes.
O edificio daba ao mar cun miradoiro de recreo e escaleiras que baixaban á praia.
A parte central era un gran salón hexagonal con vidreiras. Neste espazo foi onde a fonda Suíza, de Santiago, serviu a comida de inauguración: O menú incluíu ovos, peixe, pito, lagosta e carne. Referidos en francés, ao gusto da época, os pratos presentáronse como oeufs brouillés á a pointe d'asgerges , poisson salgueiro normande, poularde en galantine truffé, langouste en remo ade e rosbeaf aux champignons, con salchichón de Lyon como entremés. Chantilly e pudin de sobremesa. Unha referencia galega representada nos viños do Ribeiro.
Desapareceu en 1957 e o 28 de febreiro dese ano, o Enxeñeiro Xefe de Obras Públicas, pon fin á concesión. O Director Xeral de Portos expresa que "Debido ao seu actual estado de absoluto abandono, produce un deplorable aspecto moi prexudicial, para unha poboación de máximo interese estival, como é Vilagarcía..." E así, por abandono e despreocupación, desapareceu definitivamente.

Vilagarcía, Patrimonio e historia